lunes, 17 de noviembre de 2014

✪ Las criptas abandonadas de Bélgica ✪


En Europa, a finales del siglo XIX, los camposantos comenzaron a quedarse pequeños y fue necesario ampliarlos para poder dar sepultura a todo el mundo. Tomando como ejemplo los cementerios de España y Portugal, se comenzaron a construir hileras de nichos en inmensas criptas subterráneas, laberínticas y de interminables pasillos. Las criptas de Laeken y de Namur, en Bélgica, son un claro ejemplo de ello, famosas por las tenebrosas historias que se cuentan y su diseño arquitectónico. 

En 1878, el alcalde de la ciudad belga de Laeken, Emile Bockstael, decidió que era necesario remodelar el cementerio local con la construcción de una cripta bajo el mismo. Ésta contaría con tres galerías principales y una docena en cruz.  Años después, entre 1919 y 1928, se ampliaría con cuatro galerías más. En 1933 también se construyó el columbario de lo que hoy en día se conoce como el cementerio militar. 

Otras ciudades belgas como Namur copiaron el mismo sistema de enterramiento y en 1885 la ciudad recreó en su cementerio una replica exacta, aunque de menor tamaño, de la cripta de Laeken. 

Pero los arquitectos que las diseñaron no tuvieron en cuenta la climatología o la humedad del subsuelo, y con el paso del tiempo las constantes filtraciones de agua fueron degradando las criptas hasta provocar daños irreparables.

El deterioro obligó a que muchas galerías y algunas estancias tuvieran que ser clausuradas y otras corrieran peligro de derrumbe, lo que condenó las mismas zonas del cementerio exterior, puesto que las claraboyas que recorren el techo de los pasillos subterráneos, lo hacen justo por el centro del suelo de los pasillos de la zona exterior.

El cementerio de Laeken depende de la ciudad de Bruselas y en el año 2008 se invirtieron 3,7 millones de euros para la rehabilitación de la cripta. Respetando la construcción antigua se impermeabilizaron todas las galerías y se construyeron canales de drenaje. Pero la cripta de la ciudad de Namur permanece en situación de abandono total desde principios de los años 80. Muestra un aspecto tenebroso, frío, oscuro, lúgubre, húmedo y mohoso, el musgo cubre las lápidas olvidadas y las arañas tejen sus telas sobre viejas flores de tela.

Algunos de los fallecidos enterrados en estas criptas se trasladaron a otros cementerios, pero la gran mayoría permanecen en estos lugares. Los primeros enterramientos a finales del siglo XIX se hacían en ataúdes de madera barata lo que facilitó que la humedad los corrompiera con el paso del tiempo e hiciera de las criptas lugares insalubres. La podredumbre transformó lo que antaño habían sido blancas y relucientes lápidas de mármol.  


1 comentario: