martes, 19 de octubre de 2010

✪ La Leyenda de las Tres Doncellas del Eume ✪

Existe una leyenda muy antigua que habla sobre los restos de una ciudad que quedó sumergida, por culpa de una maldición, bajo las frías y turbias aguas del río Eume...


Cuentan los abuelos, que sus abuelos ya les contaron, que por las dos riberas del río antaño crecía una próspera ciudad, grande y hermosa. A su puerto llegaban barcos desde lejanas tierras y la villa crecía con rapidez, siendo importante la influencia del mercado local en toda la comarca. Pero desgraciadamente, tanta riqueza llamó la atención de los piratas de alta mar, que de vez en cuando, asaltaban la ciudad por sorpresa causando mal y destrucción. A consecuencia de las continuas incursiones de los temidos corsarios, el gobernador de la ciudad mandó construir una fortaleza en lo alto del monte y así poder proteger su tierra, motivo por el que la villa se llenó de valientes caballeros y fornidos soldados, llegados desde distintos reinos.


Era famosa, en los alrededores del lugar, la singular belleza de las mujeres de aquellas tierras encantadas, pero sólo tres doncellas destacaban de entre todas las demás por su hermosura. Las damas parecían no pertenecer a este mundo, sus figuras perfectas, casi etéreas, danzaban como flotando en el aire al andar recordando a las hadas de los cuentos. 

Nadie conocía nada de su pasado o de sus orígenes... Ni si quiera sabían cómo habían llegado a la ciudad. Se decía que las tres doncellas misteriosas habitaban en un palacio de piedra situado cerca del mar, y allí celebraban fiestas, banquetes y bailes eternos a los que ningún hombre se podía resistir. Tal vez se trataran de brujas hechiceras, todo cuanto las rodeaba era una incógnita.

Cierto día, el alcaide del castillo de los Andrade empezó a preocuparse por la situación. Tanto oficiales como soldados, a menudo, comenzaban a llegar tarde a sus guardias y no rendían en sus labores como de costumbre. La villa no estaba siendo protegida como era debido y aquello le inquietaba demasiado. Desesperado, fue en busca de un viejo ermitaño con fama de mago y sabio, de curandero y brujo, que vivía en una humilde cabaña, situada en el lugar más recóndito de las fragas.

El ermitaño, después de que el señor alcaide le contara lo que estaba aconteciendo con sus hombres, dijo — Conozco bien a esos espíritus malignos, enviados desde las entrañas más oscuras de la tierra, súcubos que pudren las almas de los hombres para traer desgracia a nuestras gentes, pero poco se puede hacer ya, la ciudad está maldita...

— Pero algo habrá que podáis hacer, pues acaso ¿no poseéis la sabiduría suficiente?— le dijo el alcaide mostrando absoluta desesperación. 

— De acuerdo, traquilizaros, señor, dejadme pensar...— Tras un largo silencio, el mago ermitaño, volvió a hablar, esta vez, en un tono más serio y amenazador. Acercándose mucho al alcaide, musitó.— Escuchadme bien, señor, debéis iros cuanto antes y, bajo ninguna circunstancia, salgáis de la fortaleza en toda la noche.


Una vez se fue el alcaide, el anciano cogió su báculo de madera y se subió a un peñasco desde cual se observaba toda la ciudad. En una extraña lengua pronunció las inteligibles palabras de un conjuro mágico. De pronto, se levantó el viento, que comenzó a soplar con violencia y en pocos segundos el cielo se oscureció por completo cubriéndose de nubes grises. Cayeron rayos y centellas y estrepitosos truenos que hicieron retumbar la tierra enfurecida. La lluvia descargaba su ira sobre todo cuanto alcanzaba y la crecida del cauce del río aumentaba veloz. Aquella noche de infernal tormenta, llovía como nunca antes lo había hecho, parecía que se acercase el día del Juicio Final.

Con el amanecer y la primera luz del resplandeciente sol de la mañana, llegó la calma a la comarca  y a la villa del Eume. El alcaide, nada más despertar, subió corriendo a lo alto de la torre del homenaje para comprobar con sus propios ojos qué era lo que había ocurrido. Pero el hombre, horrorizado, pudo observar como en el mismo lugar donde antes estaban las casas, los palacios y el puerto, tan sólo había una impresionante extensión de agua. El río había arrasado a aquella ciudad próspera y hermosa que yacía sumergida bajo las frías aguas para toda la eternidad. Y tras la desgracia, jamás se volvió a ver merodear por el lugar a las tres damas misteriosas.

7 comentarios:

  1. RA tus historis me tienen fascinado!
    un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Historia para contar junto al hogar en una fría noche de invierno, con copa de vino incluida. Me ha encantado, y eso es mucho.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  3. :) jejeje Muchas gracias a los dos.

    Un abrazoteee

    ResponderEliminar
  4. Hola guapa, qué historia más bonitaa me recuerda a la de la Atlántida, es una leyenda gallega supongo, si es que vuestra cultura es rica en leyendas, me encanta! Muchos besos :**

    ResponderEliminar
  5. Yo creo que estaban bastante mejor con las brujas.

    ResponderEliminar
  6. Me encanto la leyenda Ra,felicidades por el blog y la música que grupo más bueno..
    saludos

    ResponderEliminar
  7. Muy bien narrada la leyenda. Como ya te han dejado en algún comentario anterior la ciudad me recordó a la Atlántida.

    Aunque la solución que tomó el sabio me parece un tanto absurda, es como talar todos los bosques para evitar los fuegos forestales...

    Un saludo.

    Oski.

    ResponderEliminar