jueves, 27 de mayo de 2010

✪ El Fantasma del Portaaviones USS Forrestal ✪

...Corría el año 1967 cuando el Portaaviones norteamericano James V. Forrestal zarpaba del puerto naval de la ciudad de Norfolk (Virginia) con rumbo directo a Vietnam... 


Este impresionante buque fue propuesto construir después de la II Guerra Mundial por el secretario de Defensa del gobierno estadounidense James Vincent Forrestal a quien le debe su nombre.

La linea de vuelo de este descomunal portaaviones, provisto de dos cubiertas anguladas en forma de “V”, incorporaría bombarderos armados con bombas nucleares, algo que levantó ampollas entre la Armada y la Fuerza Aérea Norteamericana, por no consentir ésta última que la marina utilizase un arma defensiva que consideraban como propia. 

Para que os hagáis una idea de la obsesión que tienen los yanquis por hacer las cosas descomunales y a lo bestia, se fabricaron cuatro portaaviones de la clase Forrestal (datados los cuatro del año 1954) con un desplazamiento de 72.000 toneladas de peso. 316,7 metros de Eslora. 39,47 metros de Manga. 11,28 metros de calado. Velocidad de 33 nudos. Cubierta de vuelo de 315x76,8 metros. 4 catapultas y capacidad para 90 aviones. Además del blindaje de cubierta de vuelo de 150 mm y una tripulación de 5.462 hombres.

Pero ¿qué es lo que tiene de especial este buque para que yo venga ahora con cuentos de soldaditos? Sí, una leyenda. La Leyenda de un fantasma llamado “George”. Así que sin más tiempo que perder entrando en detalles, me limito y dispongo a contaros la historia.

Corría el año 1967 cuando el Portaaviones norteamericano James V. Forrestal zarpaba del puerto naval de la ciudad de Norfolk (Virginia) con rumbo directo al conflicto bélico de Vietnam.

Después de casi una semana de combate, se declaró un inesperado incendio en la cubierta de aterrizaje cuando la tripulación se preparaba para un ataque masivo contra Vietnam. Aquel voraz incendio provocó uno de los mayores desastres en la historia de la marina de los EE. UU. En el siniestro perecieron 134 miembros de la tripulación y quedaron heridos de gravedad otro tanto. Refiriéndose al fatídico accidente, la revista “LIFE” declaró: “En cuestión de 5 minutos, todos fueron uno”...


20 años después del incendio nació la leyenda. Uno de los muertos el 29 de julio del año 1967 se convirtió en el legendario fantasma del portaaviones James V. Forrestal. Tal vez, ni siquiera sabía que había muerto o tal vez sí y no lo aceptaba, por eso su atormentado espíritu se había quedado atrapado en el buque. El caso es que la tripulación lo bautizó con el nombre de “George” y son innumerables las anécdotas que se cuentan sobre él. 

En una navegación un cabo enloqueció al observar una mano chamuscada que se materializaba viéndose con total claridad a través de un mamparo...


Un bombero del portaaviones que estaba trabajando, lanzó sus herramientas sobre la cubierta y cuando se quiso dar cuanta, en cuestión de segundos, comprobó como misteriosamente alguien, que allí no estaba, se las había colocado en orden y alineado perfectamente...

Un hostelero, encargado de la cocina, afirmó que nunca más volvería a bajar al congelador de los helados, porque unas luces parpadeantes y una supuesta mano invisible que se posó sobre su hombro lo habían amedrentado la última vez que había bajado... (Un dato de interés es que muchos de los cadáveres de los tripulantes que murieron en el incendio fueron conservados dentro de las cámaras frigoríficas. Recordad que estaban en Vietnam cuando sucedió todo).

Pero la más impactante es la anécdota de Steven Peretti, un técnico de caldera de tercera clase que tuvo el encuentro más directo con el fantasma de "George", su testimonio data del año 1990. El hombre estaba en la sala de máquinas cuando de pronto escuchó el sonido de un goteo que parecía provenir desde uno de los rincones de la sala. Aquel goteo constante le alertó y no dudó en levantarse de su asiento para acercarse a comprobar de qué se trataba. Lo que pudo observar le dejó totalmente tieso. Steven Peretti vio con sus propios ojos como la manguera contra incendios se elevó sola desde la rejilla goteando agua. Uno de los bomberos de la tripulación que se encontraba en la sala de máquinas en ese momento también fue testigo de tan misterioso suceso. Y no termina ahí la cosa, porque al mismo tiempo que la manguera se elevaba en el aire, un secador eléctrico que se hallaba sobre un lavabo de la sala, se activó solo. Los dos hombres al ver esto rápidamente huyeron del lugar totalmente espantados y horrorizados.


Los escépticos aseguran que todo se debe a meras casualidades, simples accidentes o brotes de histeria colectiva provocados por la sugestión. Sugestión posiblemente influenciada por el trágico pasado del buque.

El portaaviones James V. Forrestal fue dado de baja en el año 1993 y probablemente “George” por fin pudo descansar en paz...








martes, 25 de mayo de 2010

La Leyenda del "Child In Time" de los DEEP PURPLE.


Cuando me lo contaron me parecía un suceso increíblemente espeluznante. La primera vez que lo escuché poniendo la máxima atención, se me erizaron los pelillos de la nuca sólo de imaginarme la situación. Pero, ¿qué hay de cierto y qué de leyenda urbana?

El “Made in Japan” es un álbum de la banda inglesa Deep Purple que fue grabado en el año 1972 íntegramente en directo y durante los varios conciertos que los músicos ofrecieron en Osaka y en el Budokan de Tokio (Japón). Éste, es considerado con diferencia como su mejor álbum en vivo.

Pero concentrémonos en sólo una canción de dicho álbum, concretamente en el “Child in Time”, sin duda todo un temazo. Pero... ¿Qué es lo que se cuenta que sucedió en el concierto casi al final de esta canción? ¿Qué es lo que se escucha justo en el minuto 9:44?...

Lo que se escucha en el minuto 9:44 es un ruido claramente perceptible para el oído. Se cree que ese extraño ruido se debe al estallido provocado por un amplificador, un foco de luz o tal vez a la rotura de cuerda de algún instrumento...

El caso es que paralelamente a lo que se cree que sucedió de verdad, se cuenta una historia que no termina de convencer del todo, dado a la falta de información al respecto por parte de los medios de comunicación en aquel momento. El hecho en sí nunca fue confirmado, pero tampoco negado, ni por periodistas, ni por los integrantes de Deep Purple. Lo que le da cierto tinte de realidad al asunto.

La leyenda cuenta que ese ruido que se escucha, corresponde al supuesto disparo de una pistola. Al parecer, el último deseo de un fan japo era escuchar la canción antes de suicidarse entre los asistentes. Pero hay quien afirma que el suicida no se disparó entre el público, sino que se levantó la tapa de los sesos sobre el escenario. Lo curioso y raro de esta historia es que nadie se dio cuenta del percance y la actuación siguió su curso sin inmutarse como si tal cosa, hasta que al finalizar el concierto un cadáver fue encontrado yaciendo sobre las gradas.

Cada cual que saque sus propias conclusiones. Esto jamás dejará de ser un misterio y teniendo en cuenta el pasado kamikaze de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial... Yo creo en todas las posibilidades ; )

domingo, 2 de mayo de 2010

Tres Lolitas. Capítulo 24 "El Sepelio de Cristal II parte"


A Gerard se le hizo un nudo en el estómago al ver alejarse a la monja por el lúgubre corredor en adelante.

Recuerdo que Lili y yo, ya estábamos terminando el desayuno que las hermanas cariñosamente nos habían preparado, cuando de repente apareció Sor Mercedes en mitad del comedor, notablemente emocionada. Mi sexto sentido percibía algo que no sabía descifrar con exactitud. Mi corazón notaba acelerado que se acercaba una cosa inesperada, un suceso que marcaría el principio de una nueva etapa en nuestra vida. Una noticia que nos cernía tanto a mí como a mi hermana. Observé queda y seriamente a la monja sin quitarle los ojos de encima, no fui capaz de desviar de ella mi mirada ni tan sólo una décima de segundo. 

Sor Mercedes se acercó hasta la silla trono donde estaba sentada a la mesa, la Madre Superiora.  Entonces, la monja se agachó con cuidado para susurrarle unas palabras imperceptibles al oído. Aquella  acción me hizo sospechar más si cabe y mirarlas a las dos con determinación, mientras fruncía el ceño sin darme cuenta.  Mi mente maquinaba sola...

– Se está haciendo demasiado tarde.- Espetó levantándose de la mesa la Madre Superiora notablemente sobresaltada.- Es mejor que vayáis terminando de desayunar, niñas. A las once comienza el funeral por vuestra hermana. El padre Benito ya lo tendrá todo dispuesto para oficiarlo, así que deberíais id yendo a la capilla.  

-          ¿Es que usted no va a venir, Madre?- Pregunté con la única intención de escudriñar qué era lo que nos ocultaba. Sabía que su mirada escondía algo que era de nuestra incumbencia.

-          Yo, antes debo de ocuparme de un asunto, id antes vosotros…- Contestó con el rostro visiblemente desencajado y compungido.

La hermana Sor Isabel no se despegó de mí en toda la mañana desde que llegué al convento. Me había echado mucho de menos y yo a ella también. En seis años se habían sucedido un sinfín de cosas, quizás demasiadas. - Jamás me hubiera imaginado este final para Cristal.- Me dijo mientras caminábamos cogidas del brazo.

El convento seguía igual de vetusto que antaño, envolviéndolo todo con su olor a madera vieja y humedad. A cada inhalación de aire, se me venía un recuerdo diferente de nuestra infancia entre aquellas paredes. Flash Backs que me devolvían a mi hermana de entre las sombras, dedicándome una sonrisa o una carcajada voraz. Recuerdos de cuando trasteábamos por el lugar, poniéndolo todo patas arriba. Aquellos  nervios  y miedo que sufríamos encantadas, cuando entrábamos en las cocinas para robar el chocolate casero que las monjas fabricaban y después, nos escondíamos en la despensa, para comerlo mientras nos descojonábamos de risa. Los días de colegio cuchicheando en clase, inflando de notitas de amor, al compañero de pupitre más guapo. Y cómo odiábamos las tres el serio uniforme escolar, con  la dichosa faldita de cuadros y tablillas.  Hasta que cumplimos los catorce años, que nos subíamos la dichosa faldita por encima de las rodillas y la Madre Superiora nos regañaba por ello... Sobre todo a Lili que de las tres, era la más provocativa porque se la ponía casi de cinturón…

-          Estaba enganchada a las drogas, Isabel. En parte era de esperar…- Le dije emergiendo de tantos recuerdos fugaces que hicieron humedecer mis ojos y quebrar mi voz.

-          Habéis vivido muy rápido en muy poco tiempo, ese sueño de Lili… ¿no crees que ha sido eso? Tal vez,  si no hubierais empezado nunca con las 3 LOLITAS, ahora Cristal estaría viva…- Apuntó Sor Isabel.

-          Hermana, yo creo que hubiera caído igual. Puede que hubiera llegado de otro modo, pero a fin de cuentas hubiera caído en el foso… Lo de Carlos y la brasileña le marcó mucho, por no hablar de su último romance. Una relación complicada con un hombre casado que la acababa de dejar. A lo que obviamente habría que sumar lo de la monja “Nariz de Pimiento” y el empujón que le pegó a posta...

-          ¿Quién, Alma? ¿Qué empujón?

No me había dado cuenta de lo que acababa de soltar por mi boquita de piñón y me mordí los labios con desesperación. Mi cara era una mezcla de sorpresa y preocupación.  Mi rostro era todo un poema. Intenté hacerme  la sueca, la acababa de cagar. Así que le solté casi al momento.- Nadie… no dije nada. ¿Qué dije? ¿Qué empujón?

-          Has dicho lo de la monja “Nariz de pimiento” y el empujón que le pegó a posta… ¿Tu hermana empujó a una monja? No será esa la monja esa que se mató en las escaleras, ¿verdad?…

Me quedé callada durante unos segundos. Dicen que el calla, otorga...-          ¿Sabes lo de esa monja?

- Algo...- contestó ella. 


- Yo… Olvídalo Isabel, no es nada… Además tú no la llegaste a conocer a esa mujer. De aquella  creo que ni tan siquiera, pensabas en ser monja. Además, no me  apetece hablar más del tema… Las dos están muertas, ya no se solucionaría nada…

-          De acuerdo, como quieras, no te forzaré a hablar del tema si no quieres… Pero, ¿estás bien, Alma?

-          Sí, estoy bien, de verdad…

-          Pues, ¿sabes una cosa? De niña siempre quise ser religiosa, pero ahora… - Sor Isabel dejó la frase inacabada y su mirada se desvió hacia el suelo perdiéndose entre los dibujos de las baldosas.

-           ¿Pero ahora?...- le insté a que continuara, ansiosa por saber.

-          Ahora no estoy tan segura de ello...- Me confesó ante mi cara de asombro.

-          ¿Por qué? ¿Te has enamorado de un hombre?

Sor Isabel dejó escapar una sonrisilla.- Todavía no, pero me gustaría… No sé cómo llegó a mí éste sentimiento, pero verás… Un día,  una vez que os emancipasteis; me encontré un libro de Marx en uno de los cajones de vuestro dormitorio. Debía de ser de cuando estudiabais filosofía…
-          ¿Y? Sabes que yo no creo de la misma forma que creéis los católicos, pero no por ello me gusta Marx, de hecho no me gusta nada su ideología, exceptuando algunos razonamientos, claro...

-          A mí sí, Alma. Y voy a colgar los hábitos, está más que decidido. Lo de Cristal ya me ha hecho dar el paso definitivo. Mañana mismo lo dejo todo, tengo veintinueve años y toda una vida por delante. Quiero trabajar, llevar una vida normal, salir de fiesta,  conocer gente, viajar, enamorarme, follar…

-          ¡Isabel!- Exclamé.

-          ¡Por favor, Alma! ¿Te asustas tú?

-          No...

Se hizo un gran silencio entre nosotras, mientras nos mirábamos fijamente a los ojos… Entonces, nos rompimos los huesos de la risa. Las carcajadas resonaban por todo el convento. Lili que caminaba más adelantada, se volvió para mirarnos recelosa, con la boca abierta por el énfasis de nuestras risas y frenó en seco. – Pero, ¿qué os pasa? Yo también me quiero reír.

-          Isabel dice que cuelga los hábitos mañana, porque quiere follar ¿Cómo te quedas? –Musité rompiéndome nuevamente de risa.

-          ¿Estáis de coña?- Preguntó mi hermana en tono serio y arqueando una ceja, como ella solía hacer, mientras que se le dibujaba una sonrisa traviesa en los labios.

-          ¿No te lo crees?- Le preguntó Sor Isabel en un tono burlesco.

-          Bueno.- Comenzó en el mismo tono.- Siempre te he visto demasiado joven para entregar tu vida al Señor y demasiado cachonda para vestir de sotana… Creo que en el fondo me olía que tú, a pesar de mucho cantar el “alabaré”, lo que te gustaba más era “el mambo”.

“Ja, ja, ja”… Risas, carcajadas, risotadas, risadas, descojone padre. A Cristal le hubiera gustado escucharnos y unirse al risoteo;  quizás, desde donde quiera que estuviera, nos acompañaba.  Así empezó su funeral, pero al pisar la capilla y toparnos con su urna funeraria, cesaron las alegrías de golpe y volvimos a la realidad del momento…



La Madre Superiora se acercó a Gerard. Éste se presentó con timidez. La monja no podía creer lo que veía. Probablemente las chicas querrían hacerse las pruebas de paternidad como era obvio, pero el parecido físico que aquel hombre guardaba con Alma, la dejaron sin palabras. No sabía cómo explicarle lo de la muerte de Cristal y que en diez minutos se daría una misa por ella.  No las había criado, pero al fin y al cabo, era su padre.- Gerard Florit, acompáñeme usted a la Capilla. Entenderá por qué están aquí sus hijas. Sé que ha venido en busca de respuestas desde muy lejos, supongo que se habrá enterado de su paternidad por los medios. Aunque no sé qué es lo que le ha empujado a buscarlas ahora, después de tantos años sin hacerlo…- Terminó seria.

-          No sabía que era padre…  Sólo pasé una noche con su madre, no la volví a ver jamás. No le dejé contacto alguno y sé que fui un cabrón.

Sor Mercedes dio un respingo y dijo.- ¡Por el amor del Señor! No, no, no diga usted eso buen hombre. ¿Qué sabía? Dios es bondadoso y perdona todos los pecados…

-          No creo en Dios, hermana.

-          Pues debería de creer, dado a que fue Él quien le trajo hasta aquí.- Intervino la Madre Superiora.

-          En verdad no me trajo Dios, fue mi madre viendo el canal internacional e Internet.

-          ¿Usted sabe los “Gerard” que habrá en Francia?- Le preguntó la Madre Superiora.

-          Muchos, supongo, pero no con estos ojos verdes, Madre. He viajado mucho a lo largo de toda mi vida y jamás observé mis ojos reflejados en la cara de otra persona hasta que la vi a ella. A mi hija Alma…



La urna con las cenizas de Cristal reposaba sobre un atril con el retrato de una fotografía puesta al lado que había colocado sor Isabel una hora antes, para recordarla durante la solemne ceremonia.

Yo no me encontraba bien; sentí una angustia horrorosa y ganas de vomitar nada más entrar en la capilla. Sólo veía a la monja cayendo escaleras abajo, partiéndose la nuca. La cara de mi hermana encolerizada, yo asustada. Todo me daba vueltas. Me parecía escuchar su voz diciéndome “No dejes que me entierren, Alma…” “Yo lo que quiero es volar con el viento” “Ser libre”… Por un momento pensé que me estaba volviendo loca, pero aquellas frases cogían más fuerza en mi mente…

En el pequeño templo entró un hombre bien parecido, moreno y de pelo largo, parecía afectado por la muerte de Cristal. Acompañaba a la Madre Superiora y a Sor Isabel. No pude evitar observarle, me atraía como el imán atrae al acero. Aquel señor, me miraba con cierto miedo. La capilla era oscura y no podía reparar bien en su rostro, pero había algo especial en él. A medida que se iban acercando, me centelleaban más los ojos. Lili giró la cabeza para interesarse por lo que yo observaba con tanto detenimiento y también fijó sus ojos en él.- ¡Joder, como está el maromo ese!.- Me dijo ella al oído.

-          ¡Lili, podría ser tu padre!.- Le dije yo en voz baja.

-          Sí, claro, sobre todo ese…- Apuntó ella sin ganas.- Además, ¿a ti Robert te saca diez?

-          Pero diez no son veinte…

-          Diez arriba, diez abajo, si el tipo está bien… ¿Qué importancia tiene la edad?...

-          Eso digo yo. –Intervino Mario desde el banco de detrás de nuestra.  

 El padre Benito se dio cuenta que estábamos  desatendiendo las dos a la oratoria y carraspeó fuerte para llamar nuestra atención. Pero fue en ese momento, cuando mi hermana se quedó perpleja al observar que el extraño hombre de coleta, la miró y le apartó la vista de golpe. Fue una sensación de como si ya la conociera de antes… 

Me empecé a marear, sentí un sudor frío caer por mi frente y la vista se me nublaba. Las voces de Cristal no cesaban de resonar en mi cabeza y lo hice.

-          ¡Se acabó!- Grité irrumpiendo la misa. Me acerqué hasta el atril en el que reposaban las cenizas de mi hermana muerta, arramplé con la urna estrechándola fuertemente entre mis brazos y dije.- ¡Mi hermana no se va a enterrar aquí! ¡No me sale de los cojones! Y menos al lado de una monja pederasta, violadora de niñas y con nariz de pimiento.

-          ¡Alma!, ¿pero qué es lo que estás diciendo? ¡No blasfemes más y deja las cenizas de tu hermana!- Me ordenó la Madre Superiora con la mano izquierda sobre el corazón.

Las demás monjas, el párroco, Mario y Lili; se sobrecogieron.

Mi respiración era fuerte. ¿Por qué había dicho aquello de Sor Benedicta? No tenía pruebas que lo demostrasen, pero las voces de mi mente me lo decían. Cristal me lo decía. Y ante la incomprensión del momento y de los asistentes… Eché a correr y me fui de allí con Cristal entre mis brazos.

Fue cuando el hombre de la coleta se levantó de la bancada y corrió tras de mí. Lili también lo hizo.

-          ¡Espera!.- Me gritaba el hombre mientras me alcanzaba, para su edad corría como una gacela.
Me tropecé en el jardín y me caí al suelo de tierra y arenilla. La urna estaba intacta, yo no tanto, me había clavado una piedra  puntiaguda en la rodilla derecha.

-          Me llamo Gerard Florit, anda, deja que te ayude. – Me dijo afligido, a la par que me tendía su mano fuerte.

Entonces con la claridad del día vi a quien tenía en frente. Jamás había visto mis mismos ojos reflejados en el rostro de otra persona. Una sensación de vértigo me recorrió todo el cuerpo y aquel simple gesto me enterneció el corazón olvidando el dolor y la sangre que ya corría por mi pierna.  

-          ¿Papá?

-          Todavía hay que hacerse pruebas… Es probable que lo sea…

 Pestañeé y acto seguido un mar de lágrimas brotaron de mis ojos, bañando mi cara; igual le pasó a mi temblorosa hermana que se había agachado a mi lado, asustada por la caída, para intentar auparme y no daba crédito a lo que nos estaba aconteciendo.  Eran demasiadas emociones fuertes en poco tiempo. La pérdida de Cristal y el encuentro de nuestro padre... 

Mil veces había imaginado un momento como aquel. Un encuentro cara a cara con nuestro padre. Mil veces había deseado tener padres, más familia que mis hermanas. Mil veces le había clamado al cielo poder encontrar una referencia, una identidad. Ya no estábamos solas, tendríamos un apellido y a pesar de que nos rondaban mil cuestiones, de que habían pasado casi un cuarto de siglo sin saber nada de él… Aquella mañana de primeros de marzo del 2004, sentimos que volvimos a nacer…

Las cenizas de mi hermana Cristal al final descansaron a la orilla del mar de la playa de Samil, en la ciudad que nos vio nacer... Así ella lo hubiera querido, así descansaría en paz.

Las pruebas de paternidad nos las hicimos en la misma ciudad de Vigo. Dieron positivas. Gerard Florit era nuestro padre y nosotras sus hijas. Entendimos su situación y no le tuvimos en cuenta la chiquillada de nuestra madre, no era justo que lo pagara él. Porque quizás de haber sabido de nuestro alumbramiento en su momento, ni nosotras hubiéramos sido criadas en un convento, ni nuestra madre hubiera acabado de la trágica forma en que lo hizo. Además no se le veía ni interés material ni le había traído hasta allí nuestra fama, eso cuando debes de saberlo, se sabe.  

Ahora tocaba recuperar el tiempo perdido...