miércoles, 18 de noviembre de 2009

✪ Llamadores de Ángeles ✪


Los Llamadores de Ángeles son unas esferas de plata de ley que albergan en su interior un cascabel relleno de pequeños trocitos de plata.

Una preciosa mañana soleada de primavera paseaba tranquilamente con mi niña de la mano, cuando una energía invisible hizo que me acercara hacia el escaparate de un pequeño comercio de bisutería, más bien “hippie”. Entre pulseras de cuero, pendientes, brujitas de la fortuna, hadas en miniatura, colgantes con simbología celta, collares, pañoletas y demás complementos variopintos; mis ojos no pudieron evitar fijar la vista en tres extrañas y relucientes esferas plateadas, cada una distinta de la otra, que colgaban independientes en sus respectivas cadenas de plata. Atraída por aquellos curiosos colgantes, de entre ellos uno en especial, entré en la tienda.

Un atrapa-sueños sonoro, parecido al que colgaba en la entrada a mi antigua casa, hizo sonar sus campanitas nada más empujar la puerta y el olor a incienso de flores embriagó mi olfato por completo.

— Buenas.— le dije tímidamente al dependiente, un hombre de mediana edad, de pelo cano, alto y  muy delgado.— ¿podría enseñarme esos colgantes de plata que tiene en el escaparate?— le pregunté mientras mi niña jugueteaba por la diminuta tienda, tocándolo todo, como siempre.

— Claro —me dijo— ¿te refieres a los llamadores de ángeles?

— Sí, eso.— le contesté sin saber muy bien si hablábamos de la misma cosa.

— No hay dos modelos iguales.—me explicó.— Ahora mismo sólo me quedan estos tres.

— ¿Cuánto cuestan?— pregunté sin más y sin dejar de mirar el que tenía la piedra roja.

— Sin la cadena 35 euros, son de plata de ley.

En un principio el precio me echó para atrás, me parecieron caros y pensé para mí "ya pueden llamar a los ángeles, arcángeles y a toda la corte celestial con ese precio". Lo cierto es que no me pude resistir, me gustaba tanto que me lo compré.

Junto al Llamador de Ángeles, el dependiente me entregó una estampita con el dibujo de unos angelitos muy bonitos. En ella estaba escrito:

“A veces, al amanecer, cuando no sabemos con certeza si estamos dormidos o despiertos, o a la hora del crepúsculo, cuando las sombras nos hacen dudar de nuestros sentidos, adivinamos invisibles presencias, susurros, aleteos, risas contenidas, y hasta puede rozar nuestra mejilla algo que no podemos definir. Son los ángeles que vienen y van, escuchando nuestros secretos y susurrándonos melodías. Ahora si tal vez los perdiste en el apuro de vivir, aquí hay para ti un llamador de ángeles para que puedas convocarlos…”

Me hubiera gustado verme la cara después de leerlo,  se me pusieron todos los pelos del cuerpo como escarpias. Pero la cosa, no terminaba ahí por la parte de atrás también decía:

“Cuenta la leyenda que hace miles de años unos duendes, que compartían amistad con los ángeles, tuvieron que huir del bosque en el que vivían, por ello sus amigos como símbolo de protección, les regalaron unos cachivaches que sólo ellos podían llevar colgados. Los ángeles explicaron a los duendes que siempre que se viesen desprotegidos o en peligro, debían de agitar la bolita y ellos acudirían a protegerles. Pero también les advirtieron que jamás podrían prestarle el colgante a nadie, ya que entonces, la magia que contenían desaparecería y de esta forma la protección de los ángeles”.


Buscando en Internet información sobre estos artilugios, encontré las mismas palabras escritas en la estampita de mi colgante y mayor fue mi sorpresa cuando descubrí que hasta en la India, las mujeres embarazadas los llevan a la altura del ombligo para proteger a su futuro bebé de cualquier negatividad externa.

Por lo visto, los Llamadores de Ángeles ya eran usados en la Época Medieval como protectores. Se decía que su sonido traía la paz y la alegría al espíritu, y sólo se debía de hacer sonar con la mano (siempre la derecha) cuando se desease algo de corazón.

1 comentario:

  1. Buscando inf. de LLamadores de Ángeles, vi este post que no te había leído, ahora si ya lo leí y me ha dejado... qué ahora tengo ganas de uno. Ahora a ver donde puedo encontrarlo.
    Aburiño

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