domingo, 15 de enero de 2012

La Casa del Columpio. Capítulo 12

Para Eva, las noches en la casa ya no eran como antes de descubrir que el espíritu de la niña que había muerto en el columpio del jardín moraba todavía por allí. Fingía de cara a su hijo estar tranquila, pero en realidad le inquietaba demasiado notar aquella presencia fantasmal por cada rincón. Aunque seguía sin poder verla con sus propios ojos, creía plenamente en la existencia del espectro, puesto que ahora sí podía sentirla como una corriente de aire frío o un susurro quejumbroso. Pequeños detalles como puertas que se abrían y cerraban solas, bombillas que estallaban u objetos que cambiaban mágicamente de lugar ya no los pasaba por alto. Todo aquello le fascinaba y al mismo tiempo la aterrorizaba. 

Pero a pesar del desasosiego producido por el hecho de tener que vivir en una casa encantada, Eva no dudó ni por un momento en ayudar a Julia y se puso inmediatamente a pensar en maneras de dar con Adrián. Quizás indagando por Internet encontrase alguna pesquisa que la guiase hacia su paradero. La historia le llevaría días, probablemente semanas, pero trabajar en el Ayuntamiento era una ventaja. Primero buscó en Google a ver que podía encontrar sobre la familia Ramírez y en especial sobre Adrián. Una dirección de correo, un perfil de Facebook, cualquier cosa era útil para dar con el hermano de Julia.

El viernes, después  de que se terminase la jornada laboral, Eva se hizo la remolona y esperó a que casi todos los funcionarios y compañeros de oficina recogieran sus cosas y se marcharan. Uno de ellos, Francis, la invitó a comer. Ella le respondió que no podía, que tenía un trabajo pendiente, archivar una documentación importante.

Francis llevaba unas semanas intentando ligar con Eva, desde que ella comenzara a trabajar en el Ayuntamiento habían hecho muy buenas migas y de vez en cuando quedaban para salir juntos. A Eva le atraía mucho a pesar de ser once años mayor, pero le gustaba hacerse de rogar.

Francis era fuerte, estaba en muy buena forma para un hombre de su edad. No aparentaba sus cuarenta y seis años. Tenía los ojos pardos, el pelo acaracolado y negro como el azabache, patillas y una perilla que llevaba siempre muy bien arreglada. En el brazo derecho tenía tatuada una calavera con tupé sobre una tela de araña. Solía vestir muy informal, con vaqueros desgastados y camisetas de estilo rockabilly.

"Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña" pensó para sí Francis. Cerca del Ayuntamiento había un restaurante chino donde servían comida para llevar y se le ocurrió que sería buena idea encargar un par de menús y ayudar a Eva con el trabajo pendiente. - No hace falta que te molestes, Francis.- manifestó Eva tragando saliva, su cara cambió de color.

-¿Te encuentras bien?.- Le preguntó él al comprobar la palidez de su rostro.

- Verás Francis, no tengo ningún documento importante que archivar. No sé cómo explicarte algo.- Eva titubeó un poco.- No quiero que pienses que estoy loca, pero reconozco que tu ayuda en este asunto no me vendría nada mal.

- ¿Qué asunto?, no entiendo de qué me estás hablando...- Francis se encogió de hombros totalmente desconcertado.

Eva le confesó a Francis la historia de Julia, como había muerto. Le contó todo lo que habían vivido ella y su hijo los últimos días en la casa. - Dani contacta con el espíritu de la pequeña.- le dijo un poco temerosa. Francis se estremeció con las palabras de Eva que había sido muy valiente al contarle todo aquello. Él pensaba que eran sólo habladurías y chismes de ancianos. - Seguro que piensas que soy una chiflada.

- No, no, para nada pienso eso. Sólo que no sé qué decir... - Apuntó él de inmediato.

- Pero, ¿me ayudarás?.- Le preguntó ella desesperanzada.

- Tienes que entender que me cueste un poco creer todo lo que me acabas de contar, pero ten por seguro que te ayudaré a encontrar a ese chico.

Daniel cerró el libro de matemáticas nada más sonar la sirena que indicaba el fin de las clases y el comienzo del fin de semana. Recogió todo en su mochila y fue el primero de sus compañeros en salir del aula fugaz como un rayo. En el momento que traspasó el umbral de la puerta, no se dio cuenta de que se le cayó un pequeño papel amarillo con un nombre escrito. El profesor Garrido que salía justo detrás de él, lo vio, lo recogió del suelo y llamó al chico dando una voz.- ¡Daniel, se te ha caído un papel del bolsillo del pantalón!.

Daniel que iba directo a los servicios de chicos para invocar y encontrarse con Julia, se giró de golpe en mitad del pasillo. "¡Mierda!" maldijo en sus pensamientos, el profesor se dirigía hasta él leyendo el papel con detenimiento a la vez que fruncía el ceño. - ¿Adrián Ramírez Contra? ¿De qué le conoces? ¿Y por qué llevas su nombre escrito en un papel?Demasiadas preguntas a la vez.

 - De nada, no le conozco de nada, ese papel no es mío. - Le contestó Daniel nervioso, presentía que su plan de introducirse en el registro escolar estaba a punto de fracasar.

- Sí que es tuyo, vi como se te caía el papelito de uno de los bolsillos de tu pantalón.

- ¡A usted no le importa si le conozco o no!. - Exclamó Daniel elevando el tono y mostrándose descortés.- ¿ Acaso le conoce usted?

- Bueno fue alumno mío y además es el hijo de mi primo... Adolfo Ramírez Garrido.






3 comentarios:

  1. Desasogante, inquietante. ¡Me gusta!. ¡Besos!

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  2. muchas gracias por hacerte seguidora de mi blog
    sigue asi

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  3. Hola! Acabo de empezar un blog increíble que va a cambiar tu vida!! Bueno jaja tal vez no, pero seguro te gusta: http://mon-whatsshewearing.blogspot.com/
    P.D. Sigueme si te gusta :)

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