domingo, 18 de abril de 2010

Tres Lolitas. Capítulo 21 "Sin Noticias de Cristal"


Nos despertamos desnudos y abrazados frente a frente, entrelazadas nuestras piernas, envueltos entre las sábanas, respirándonos el uno al otro. Eternos amantes, únicos testigos  de nuestra intensa noche de pasión . Una noche demasiado ardiente que duró hasta casi el amanecer de un nuevo día y que continuó hasta el desayuno.

Y mientras miraba absorta la belleza de los ojos despiertos de Robert; mi mente maquinaba sola por su cuenta. Estaba segura de que la culpable de lo que había ocurrido en el apartamento, era  mi hermana Cristal, no cabía lugar a duda.  Y  no estaba dispuesta a vivir más situaciones caóticas gracias a ella. 

Robert y yo, nos pusimos a buscar en las gruesas guías de telefónicas, el número de contacto de la empresa publicitaria “PUBLIPEÑA”, propiedad de Lucas. Tenía que hablar a toda costa y como fuera con uno de los dos. Así que como mi querida hermana no se dignaba a contestar el móvil,  opté ir directamente a por el susodicho. Ya no me importaba lo que sucediera y totalmente armada de valor, en cuanto encontré el maldito número en la guía, lo marqué sin que me temblase la mano…

-    “PubliPeña”, buenos días, la atiende Ana López, ¿en qué puedo ayudarle?

-   ¡Ah, hola! Me gustaría hablar con el director de la empresa; el señor Lucas de la Peña, es urgente, por favor...

-   De acuerdo, pero antes me tiene que decir quién le llama, gracias.

-   Sí, claro. Soy Alma, la hermana su amante.- Dije rotunda  y con absoluta frialdad.

Se escuchó un largo silencio y acto seguido la voz femenina de la que se suponía debía ser la recepcionista, apuntó.-   Espere un momento, por favor, ahora mismo le paso la llamada, no se retire...

Pensé para mí que acababa de tener una suerte increíble al haber conseguido que me pasaran a Lucas a la primera. Por fin iba a contactar con él y realmente le tenía demasiadas ganas. "Bingo. El jefecito está en su puesto de trabajo"... “Te cacé, cabrón”… 

Después de estar al menos veinte minutos escuchando la pesada melodía de espera, una voz masculina y entrecortada me sobresaltó al contestar de repente desde el otro lado del hilo telefónico...

-  ¡Dígame!...

Reaccioné rápida y en un tono más bien borde le espeté.-   Venga, Lucas, sabes de sobras quien soy, se lo dije antes a tu recepcionista. A ver si te crees que soy gilipollas.

-   ¡Hombre! ¡Alma! Es un verdadero placer poder conocerte y hablar contigo, aunque sea a través del teléfono, ¿verdad?

-   ¿No me digas?... Anda, no me jodas, Lucas...

-   ¿Para qué cojones me molestas entonces?- Me preguntó él cambiando el tono sátiro por uno más ofensivo.

-   Quiero hablar con mi hermana, ¿para qué te iba a llamar sino? Sé de sobras que está ahí contigo.- Le insinué.

-  Sí... está... Pero da la casualidad que ella no quiere hablar contigo.

-   ¡Pásamela!- Le imploré.

-   Dice que no quiere, y si dice que no quiere, no se pondrá.

-   De acuerdo, me parece estupendo, pues le dices de mi parte que muchísimas gracias. Ya veo lo que le importan sus hermanas. ¡Ah! y una última cosita, Lucas, sólo es una pregunta… ¿Fuiste tú, no?

-   ¿Si fui yo, qué?- Preguntó, una de dos, confundido porque no sabía a lo que me refería o simplemente haciéndose el gilipollas.

-   Fuiste tú el que la introdujo en el mundo de la droga, ¿verdad? 

-     Preciosa, tu hermana es mayorcita para saber lo que se hace.  ¿No crees?- Lucas, colgó de un golpe seco y la llamada se cortó de repente.

"Será hijo de puta" Pensé. El tema de mi hermana parecía misión imposible. Decidí tirar la toalla al respecto y dedicarme a mí misma, sin estar preocupándome siempre por los demás y sin nadie preocupándose por mí.

Mi amor y yo comimos juntos en el restaurante del Hotel. Yo pedí una ensalada y él un entrecot poco hecho. Por debajo de la mesa, me acariciaba el mulso hasta la rodilla. - No quiero verte mal y preocupada. No pienses en ella, si ella no lo hace en ti. Si sigues atormentándote así, al final vas a enfermar. – Me dijo tierno, Robert.

-   Es mi hermana, Robert, tienes que entenderlo. La quiero mucho y por eso sufro. No tengo más familia que mis hermanas… Para colmo, tú también te marchas a un país súper conflictivo…

-   Alma, por mí no te tienes que preocupar, pienso volver. ¡Eh! ¿Nunca has escuchado eso de “mala hierba nunca muere”? Recuerda que soy un marine. No debes de preocuparte. Don’t worry! Ok?

-   ¿Y si te olvidas de mí?… Me muero si me dejas, Robert. Me matarías en vida. Te amo.

-   Tranquila, no va a pasar nada. Peor me voy yo, pensando en los jaleos en los que te pueda meter Cristal… Y te amo demasiado para dejarte escapar, es muy fuerte lo que siento por tí. Te llevo dentro, Alma.- Robert me acarició el pelo con una mano, luego la mejilla con las yemas de los dedos, los labios… Agarró dulcemente mi mentón, acercó su boca entreabierta a la mía y me besó para sosegarme.

El fin de semana pasó pronto, veloz.

El lunes acerqué a Robert al aeropuerto en mi coche. Nos despedimos y al hacerlo, no pude evitar quedarme abrazada a él, derramando lágrimas incontrolables por su marcha. Le iba a extrañar tanto… Me hubiera gustado subirme a su avión y desaparecer con él. Perdernos del mundo y estar juntos eternamente, viviendo solos en otro planeta. Nos costaba mucho despegarnos, decirnos adiós. Parecíamos dos imanes. Me prometió que me escribiría, que los meses pasarían volando, que me intentaría llamar vía satélite y que volveríamos a estar juntos de nuevo.

Llegué a la discográfica, desalentada, pero al mismo tiempo, estaba muy feliz y satisfecha. Allí, Mario y Lili me esperaban muy serios y de brazos cruzados. Intuía malas noticias.

-   Buenos días.- Les saludé.- ¡Eh, qué caras! ¿Qué os pasa? ¿Llego muy tarde?- Le pregunté, sin entender el porqué de sus rostros,  a Mario.

-   Tú no, pero Cristal ni ha llegado ni contesta a las llamadas de Mario. – Dijo Lili, adelantándose a él.

-   Creo que sé de quién es la culpa…- Dije con resignación.

-   Sí, no me digas más.  Será cabrón el Lucas…- Apuntó Mario encolerizado.  

-   ¿Qué le ha pasado a Cristal, Alma? Ella siempre fue una gran deportista. Nunca se hizo un canuto ni bebió calimocho ni siquiera tomaba aspirinas; ¿recuerdas? – Me preguntó, Lili con inquietud.

-   Las personas cambiamos, hermana. Ella ha accedido fácilmente al polvo blanco, lo ha probado y le ha gustado; contra eso no hay más nada que su propia voluntad. Y no la tiene, se enganchó y no tiene lo que hay que tener para plantarle dos cojones a la vida. Fue débil y decidió someterse a un indeseable, chupa sangres. Ya no hay vuelta a atrás. Así de fácil. No se supo poner límites, Lili.

-   Bien, pues habrá que tomar cartas en el asunto. No podemos seguir con esta pantomima. Estamos retrasando el trabajo por su culpa y tenemos que preparar  vuestra próxima promoción en Europa y Latinoamérica.- Nos comentó Mario. 

-   ¿Y qué es lo que tienes pensado?- Preguntó Lili curiosa.

-   Hablaré con ella.  Le haré comprender que tiene firmado un contrato que debe cumplir y cambiar esa actitud. Si quiere drogarse, que se drogue; eso no saldrá de entre estas cuatro paredes, ¿entendisteis? Si os preguntan por la calle, lo negáis todo. 

-   Pero, ¿Y si no cambia, Mario?- Pregunté.

-   Pues si no cambia, su modo de comportarse referente al trabajo, me veré obligado a pedirle que se vaya si no está a gusto. Que abandone el grupo y se marche con el mamón de Lucas de la Peña. – Nos advirtió muy enfadado y molesto.

Las palabras de Mario eran duras y nos dolían. Cristal era nuestra hermana y para más inri, trilliza. Por otra parte, lo entendíamos perfectamente. Su planteamiento estaba lleno de razón. Mario, había invertido muchísimo dinero en nosotras, en producir nuestro trabajo; y tampoco se merecía un fracaso por una pavada como aquella. Teníamos seguidores de todas las edades y nos jugábamos nuestra reputación artística y  personal.


Enero del 2004

Finalmente, Cristal dejó el grupo, pero no de la forma que todos esperábamos que lo hiciera. Hacía una semana que no teníamos noticias de ella ni de Lucas. Mi hermana Lili y yo nos leíamos hoja por hoja todas la revistas del corazón que arramplábamos del quiosco en busca de alguna foto, de algún titular, de algo (cualquier nimiedad nos valía, hasta los “¡horror!”; pero nada.  Parecía que estaba desaparecida del mundo, como en otra galaxia. Pasamos las Navidades las dos solas. Robert estaba en Irak, Hugo rodando una película en México y a Cristal se la había tragado la tierra.

Su desaparición se ocultó como que estaba temporalmente apartada por motivos de salud sin dar más reseñas ni explicaciones. Mientras que Lili y yo, llevábamos un par  de semanas preparando la presentación del disco, primero en Portugal y después en Francia. Países nos abrieron las puertas del mercado con  record de ventas gracias al single “Three Hearts”.

  Un día de repente y sin que nadie supiera nada al respecto ni lo esperase; Cristal salió en la portada de un interviú enseñando las tetas. En la revista ella misma comentaba que todavía seguía saliendo con el empresario. Lucas  no pararía hasta conseguir  su objetivo; hundir  a “3 Lolitas”.

Mario llamó cabreado a nuestra hermana, para que se personara de inmediato en su despacho. Ella se personó colocada y con unas pintas de cerda que tiraban para atrás. Llevaba los jeans sucios, una camiseta roída y el pelo semi recogido en un extraño moño.

-   ¡Joder, Cristal! ¿Qué te ha pasado?- Le pregunté con cara de asco, nada más verla de aquella guisa. - ¡Pensábamos que estabas muerta! 

-   No, menos mal que enseñó las tetas en la revista que si no es por eso… Por cierto, ¿qué le pasaron? Te han quedado un poco chuchurrías ¿no?.- La recibió, Mario con muy mal gusto.

“En lo de las tetas chuchurrías se le fue la pinza y se pasó tres pueblos”.- cavilé para mí. 

-   ¡No te enfades conmigo, Mario!.- Le dijo ella melosa con un aliento que tiraba hacia atrás.-  ¡Tú sabes que yo te quiero mucho!- Se le abrazó al cuello toda colocada

-   Si, ya lo veo. ¡Qué mal hueles hostias! ¿Cuánto hace que no te duchas, Cristal? Y cómo te canta el aliento, ¡joder! ¡Dios! ¿cómo Lucas consiente tenerte de esta forma? Vaya cabrón.  

-   No hables así de Lucas.- Le recriminó Cristal a Mario.

-   ¿Pero no te da vergüenza ir así por la vida?...- Le dije yo.

-   Mírate tú a un espejo y verás una zorra.- Me dijo sin cortarse.- ¿Y qué pasa?, ¿no tengo derecho a enamorarme o a que me quieran?

-   No, Cristal, no te confundas. Lucas no está enamorado ni de ti, ni de nadie, sólo de sí mismo.- Afirmó,  Mario, con conocimiento de causa.

-   Mierda para tí, Mario;  ¿para esto me llamaste? ¿Para decirme todas estas gilipolleces?

-   No. Te llamé porque quiero que vuelvas al trabajo o te vayas definitivamente. Estoy hasta los cojones de tus impertinencias. 

-   De acuerdo, Mario, volveré; me hace falta el dinero… Pero no quiero compartir camerino con mis hermanas, eso que te quede bien claro.

-   Pues lo vas a tener que compartir, porque aquí las normas las dictamino yo. Mira, Cristal, si quieres no les hables; pero no me dejes colgado porque todo esto que habéis conseguido me costó una gran inversión de dinero y sacrificio, ¿lo entiendes?... 

- No, no lo entiendo, Mario. ¿Qué pasa que ya te las has follado también a ellas? Si me vas a imponer tener que aguantar a este par de gilipollas, pijas y niñatas. ¡Que os den por el culo a los tres!- Con las mismas, se fue, traspasó el umbral de la puerta de la oficina de Mario y jamás volvió a traspasarlo de nuevo...

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