jueves, 15 de abril de 2010

Tres Lolitas. Capítulo 18 "El Fardo" II parte


 A la mañana siguiente teníamos que prepararnos para la presentación del nuevo single en un conocido programa del canal 3. Quedamos con Mario a primera hora. Debíamos de estar en la productora a las ocho en punto para elegir vestuario. Y a eso de las diez, nos tocaba sesión de peluquería y estética en el salón de belleza de Chantal, una muy buena amiga de nuestro jefe.

Lili y yo, habíamos quedado antes para desayunar juntas en la cafetería más cercana a la oficinas. Pudimos hablar un rato de lo acontecido en el día anterior y por supuesto, de nuestra hermana rebelde. Cristal, prefirió acudir sola a la productora y también al local de Chantal. 

El interior del salón de belleza, era elegante y sofisticado. Sus instalaciones y mobiliario, aeran totalmente de diseño. Además, los aparatos y tratamientos allí, eran la última novedad. Siempre, había que tocar el timbre antes de entrar. 

Chantal salió ella misma en persona a recibirnos. La mujer, ya entrada en años, todavía conservaba una figura escultural y una envidiable piel, su rostro mostrada muy pocas arrugas. Pero la tristeza de no haber encontrado el verdadero amor, después de unos cuantos fracasos matrimoniales, en sus oscuros y marrones ojos, unos ojos tristes y apagados.   

      -  ¡Hola Chantal!, ¿qué tal estas?- La saludamos con un par de besos cada una.
-  ¡Alma, Lili…! Estáis preciosas, como siempre, ¡mis bellas niñas!, pasad. Vuestra hermana Cristal ya está dentro… hace un rato que llegó. 

- Gracias, Chantal.- Musitó Lili, saludando con la mano a Cristal que estaba sentada en el largo sofá color hueso de la sala de espera.  Pero para su sorpresa ésta ni se inmutó. A Lili, le llamó la  atención el comportamiento de Cristal, tan pasota, ni tan si quiera se dignó a saludarla con la cabeza. Yo no podía evitar morderme los labios de rabia. Aún así, nos sentamos,a su lado. 

Chantal, aquel mañama, cerró el salón sólo para atendernos a nosotras (aquella era una de las ventajas de ser famosa y tener dinero).

- ¿Que rara estás, hoy, Cristal?- Le preguntó Lili al percibirla tan arisca.

- ¿Rara?, ¿por qué?- Le preguntó, ella, frunciendo el ceño.

- Pues porque entramos por la puerta y ni si quiera nos has dicho “hola”...

- ¡Ah! Pues “hola”, ¿estás contenta ahora?, mira, Lili, no me daría cuenta... Pero, ¿qué os pasa conmigo? Últimamente todo lo hago mal…

- Ya, claro, que somos nosotras las que estamos raras contigo, ¿no?- Le espetó, Lili, mirándome cómplice a los ojos.

- Sí sois vosotras y no quiero discutir, dejadme las dos tranquila, ¿vale?

Yo preferí callar, en ocasiones, es mejor hacerlo aunque te envenenes por dentro. y se intoxique tu sangre de odio. No me apetecía discutir y mucho menos delante de Chantal. Hablar de de temas familiares e íntimos a veces se puede convertir en un arma de doble filo si lo haces delante de gente que no debes. El cotilleo se cotizaba a un alto precio y no estaba dispuesta a traficar gratis con mi intimidad, ni con la intimidad de mis hermanas. Chantal era una buena mujer y gran amiga, pero una ya no se podía fiar ni de su propia hermana. La fama, era un mundo en el que, saber “demasiado” de alguien, era la mismísima espada de Damocles, era dinero demasiado fácil. Y el dinero era y es siempre demasiado goloso…

Chantal y sus estilistas, nos dejaron radiantes y estupendas. El maquillaje era perfecto, cada una con su propio estilo, estábamos rompedoras a la par que nerviosas, conteniendo emociones, algo titubeantes, pero al fin y al cabo rompedoras.

 La presentación del single era importante. Si la canción gustaba tanto como la primera, sería otro gran éxito y posiblemente nuestra coronación en el mundillo musical. 
 
Después de la entrevista y actuar en el canal 3, Mario, nos llevó a una fiesta sorpresa, preparada exclusivamente para nosotras. A ella asistieron personajes conocidos de diferentes campos del arte, el deporte y la política. Entre los asistentes se encontraba Hugo, el novio de Lili, que cada vez subía más su caché para la serie en la que trabajaba. Y casualmente, en el sarao también se encontraba Lucas de la Peña, el famoso empresario casado con el que estaba saliendo Cristal. 
 
Nuestro single titulado “pretty blue eyes” (“bonitos ojos azules”) fue todo un éxito tanto en el programa de televisión cdel canal 3, como en la fiesta en la cual nos obligaron a interpretar por petición de los asistentes. A aquel público tan selecto les gustó la canción y rno dudaron en responder con aplausos, halagos y vítores de todo tipo.

Conocí a mucha gente aquel día, pero no me encontraba a gusto. Yo era más sencilla. Aquellos actos me solían crear un sentimiento de rechazo. Detestaba la pedantería de algunas personas por el afán de salir en la foto con el más guapo o la más guapa. Así que me dediqué a contar los minutos para que tocasen las doce campanadas y poder desaparecer de allí. Le daba pequeños sorbitos a mi daiquiri mientras aguardaba impaciente a que volase el tiempo y poder volver al mundo real, a los sentimientos sinceros, a la gente auténtica, a los vaqueros desgastados, el tercio de cerveza y los mercadillos hippies. 
 
Al final, no pude hacer frente a los intentos de mi hermana Lili porque me lo pasara bien y me decidí salir a bailar a la pista. Bajo las destelleantes luces de colores, hice amistad con Daniela Fernández, una joven actriz de veinte años  que quedó fascinada de mis zapatos (seguía pensando que aquel ambiente no era para mí). Hablé con ella largo tiempo, ya más relajadas en los jardines de la discoteca, entre canapé y canapé, entre copa y copa. Compartimos experiencias, anécdotas, risas e incluso le dio tiempo a revelarme algunos secretillos de personajes conocidos, de los cuales, jamás me hubiera imaginado de ellos. Al final llegué a la conclusión de que a pesar de ser una pija de los pies a la cabeza, la muchacha era maja. 
 
Antes de entrar a formar parte de este clan de popularidad, las actrices siempre me habían parecido unas mujeres frívolas, tontas y calculadoras, vacías de sentimientos. Pero aquella noche, descubrí que muchas veces juzgamos sin conocer realmente a las personas. Ni todo lo bueno es tan bueno ni todo lo malo es tan malo.   
 
A las cuatro de la mañana, por fin, terminó el acto. Estaba cansada y no podía andar del dolor de pies que tenía al no estar acostumbrada a usar tacones.  Lo único que me apetecía era llegar a casa, quitarme los zapatos y acostarme aunque fuera encima de una mesa. Bueno, me apetecía aquello y que llegara el jueves para volver a ver a Robert.

Un día que llegó pronto y en el que no pude evitar sentirme como un flan. La noche anterior había estado limpiando todo el apartamento, esquina por esquina. 
 
Con Cristal, las aguas seguían turbias, demasiado.  La había escuchado decirle a una amiga, a través del móvil, que estaba deseando encontrar un apartamento para perderme de vista, lo antes posible. No era nada agradable convivir con ella, siendo conocedora de tales pensamientos. Me dolían sus palabras. 

Estaba sacudiendo los cojines del sofá, cuando mi hermana se levantó de la cama y salió de su dormitorio para comer algo. Al verme limpiando, me preguntó de muy malas maneras.- ¿Qué se supone que estás haciendo, estúpida?- Me amenazó arrebatándome el cojín de las manos.

-   Pero, ¿Qué demonios te pasa, Cristal? Es que ¿no ves que estoy limpiando el sofá?

-   ¿Cómo eres tan mentirosa?, sabes que no es verdad.

-   ¿Qué es lo que no es verdad? Cristal, no sé a qué se debe tu forma de actuar… Ah claro, sí que lo sé… Se debe a la mierda que te metes en el cuerpo.

-   Lo ves, lo ves,… Siempre me estás machacando con lo mismo.

-   ¡No, Cristal!, la que se está machacando eres tú a ti misma, ¿sabes?

-   Al final lo conseguiste, Alma ¿Eso era lo que querías? Querías quedarte con el piso para ti sola y no sabías cómo hacerlo, ¿verdad? También me requisaste el otro, ¿no?

-   ¿El otro qué? Cristal, no sé de lo que me estás hablando y me estoy empezando a cansar de ti y de tus estupideces, ¡joder! ¿Ahora a qué viene la palabra requisar? ¿Requisar el qué?, ni que fuera policía...- Pregunté tremendamente confundida y mosqueada.

Poco nos faltó para haber llegado las dos a las manos. Cristal, estaba rara e insoportable., no era ella. Nunca la había visto tan borde. Y para colmo, yo me alteraba al verla así. 

De inmediato, Cristal, desquiciada, se dirigió al montón de cojines apilados en el suelo y totalmente enajenada, empezó a abrir las cremalleras de todos, uno por uno, vaciándoles la espuma. Entonces, fue cuando descubrí el “porqué” de su nerviosismo y estado de nervios. 
 
De uno de los cojines, sacó un pequeño fardo de “coca”.  Sería de poco más de quinientos gramos, el polvo blanco estaba metido en una bolsa de plástico transparente.  Al verla, me puse como un basilisco, dispuesta  a lanzar llamaradas de fuego por la boca.

-   ¡Así que era eso!- Exclamé.-  ¿Cómo has podido meter semejante cantidad de cocaína en el apartamento? ¿Sabes que si te lo pilla la policía en casa, no sólo se te cae el pelo a ti, sino que también se me caería a mí?- Grité exasperada. 
 
-   ¡Cállate ya, gilipollas! ¡Baja la voz!- Me devolvió el grito cual pelota como si fuera mi contrario en un partido de tenis.- ¿Qué es lo que quieres, Alma?, ¿qué se enteren nuestros vecinos y llamen a los maderos ahora?…

-   ¿Tú no te das de cuenta de lo que nos podrían acusar, si descubrieran la droga en nuestra casa? Nos llevarían al trullo, por un delito contra la salud pública y tráfico de drogas, ¡joder! ¡Y también a Mario! Te recuerdo que el apartamento está a su nombre.- Le dije en tono menos agudo pero igualmente de alterada.

-   Hermana, me empiezas a aburrir, ¿sabes? Me daré una ducha de agua fría y me iré de tu apartamento mañana al amanecer, para no causarte más molestias. No tengo ganas de escuchar tus sermones día sí, día también …

-   No son sermones, Cristal, no pretendo educarte. Sólo te pido que tengas sentido común, puedes hacer lo que te venga en gana y lo sabes; pero ten dos dedos de frente.  No me involucres en tus putos problemas. Siempre creí que de las tres, eras la más inteligente, ahora me doy cuenta de que me equivoqué. Incluso hasta no me extraña que Carlos te dejase. Y no sé por qué me da, que todo esto viene de largo…

-   A ti qué te importa si viene de largo o no. A lo mejor Carlos, es más cocainómano que yo. Además, ¡mira quién fue a hablar!, la del “americanito de película”.- Se burló de mí con sonrisa irónica.- ¿Qué te crees, que te va a llevar con él a Estados Unidos?  Pero qué ingenua eres hermanita... Seguro que mientras esté aquí, te querrá sólo para follar y en cuanto se vaya, te dará una buena patada en el coño. ¡Como hacen todos!

-   ¡No me ralles, guapa! El “americanito” coma tú le llamas, tiene nombre y precisamente llega mañana a primera hora. Y te diré una cosa, por tu bien; haz que ese fardo desaparezca de esta casa, ya te lo advertí una vez y te lo vuelvo a repetir, como lo encuentre en alguna parte o rincón de la casa no voy a dudar en denunciarte personalmente a la policía. Me da exactamente igual que seas mi hermana. Pensaba que me sería fácil ayudarte a salir de las cloacas en las que te metiste tú sola o en las que te metió alguien, pero ahora ya me da igual todo. No escuchas, Cristal. Ni escuchas ni ves. Yo tampoco lo haré, ni veré ni escucharé. 
 
-   Estate tranquila por eso, Alma. El fardo desaparecerá y yo lo haré con él...

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