sábado, 24 de abril de 2010

Tres Lolitas. Capítulo 23 "El Sepelio de Cristal I parte"


Gerard estaba nervioso y ansioso al mismo tiempo. Nunca le había gustado mucho viajar en avión. Pero necesitaba buscar respuestas que aliviasen su estado de ánimo, abatido por la pena de ser conocedor de su paternidad a una edad tan tardía. Sentía mil espinas clavadas en lo más profundo de su corazón, una tristeza y una angustia descomunal, indescriptible.  

El hombre, no podía evitar sentirse  culpable por dentro, mala persona. Muy arrepentido, len alquel momento, le hubiera gustado tener un mando con un botón en el centro que al apretarlo se pudiera rebobinar en el tiempo y corregir el error. Haber vuelto a saber que aquella bella muchacha pelirroja, que deambulaba sola por los suburbios de la ciudad de Vigo. 

Seguramente que si Gerard, se hubiera enterado de que la joven se había quedado en estado de buena esperanza, sin duda alguna, la hubiera recogido y se la hubiera llevado con él a Francia. Pero le asustaron los dieciséis años de ésta y teóricamente sólo había sido un polvo de una noche. Además por aquel entonces, él se encontraba de paso en un país que no era el suyo. Era muy grande su remordimiento de conciencia y  para sí mismo se repetía una y otra vez... "Tenía que haberle dejado aunque solo fuera  un número de teléfono al que llamar o  tal vez, una dirección a la que acudir"…

El Boeing 737 procedente del Aeropuerto de Marsella Provenza, aterrizaría en el Aeropuerto de Vigo, a las 09:45 de la mañana. De ahí cogería un taxi para dirigirse al hotel en el que había reservado una habitación simple para pasar el fin de semana. Gerard, volvía a la ciudad en la que había empezado todo y de la que quiso olvidarse por completo para el resto de su vida 
 
Cuando llegó a su alojamiento, confirmó su reserva y se registró en la recepción. Le temblaba ligeramente el pulso al firmar en el libro de registro. Subió a la habitación por las escaleras, necesitaba estirar las piernas. Colocó la sencilla maleta que portaba sobre la cama, la abrió, sacó ropa limpia y se encerró en el cuarto de baño. Se duchó lo más rápido que pudo, se cambió de ropa, se recogió el pelo en una coleta hacia atrás y bajó a desayunar a la cafetería del hotel, un café solo. No le importaba el Jet lag, ya descansaría más tarde… Quería presentarse cuanto antes en el Convento de Santo Domingo. Necesitaba hacerlo, para eso había volado en aquel maldito pájaro de hierro. Así que partió en otro taxi en la dirección que tenía apuntada en un viejo y arrugado papel a la vez que se le iba embotando la mente, no se podía quitar de la cabeza la imagen de Alma, la chica de sus mismos ojos verdes… La voz de Marie, su madre, le resonaba en la cabeza… “¡Es la niña de tus ojos! ¿Es que no lo ves? ¡Es tu hija, estoy segura de ello! ¡Quiero conocer a mi nieta antes de morir! ¡Prométeme que irás en busca de tus hijas!...”
Lili, llamó al convento para dar la noticia del fallecimiento de Cristal, yo no fui capaz. Estaba agotada, había sido un día muy duro para mí. La sábana tapaba su cara cuando bajé a reconocer su cadáver, la impresión que me dio al verla todavía la sentía en mi cuerpo. “¡Dios!, parecía dormida…” 
 
Velamos el cuerpo de mi hermana en un conocido tanatorio de las afueras de la capital, rodeadas de amigos, conocidos y fans que no dudaron en acercarse a darle el último adiós,  hasta última hora de la tarde en que la incineraron. Como no, también había periodistas, éstos nunca faltaban, se apuntaban a un bombardeo.

Las monjas no se podían creer que Cristal hubiera muerto y nos ofrecieron darle sepelio a sus cenizas en su cementerio. Aceptamos como es lógico darle una ceremonia allí, Cristal se removería en su tumba durante los siglos, pero su secreto se lo llevó en ella; partimos nada más que nos entregaron la urna con el polvo en el que había quedado reducida mi hermana; la deportista, la atleta, la que jamás hubiera dado un duro por las drogas… pero la vida gira y lo hace sin parar.

A mí la idea de enterrarla en el pequeño cementerio del convento tampoco  me convencía. Se me venía a la cabeza la monja cayéndose a rolos por las escaleras hasta escuchar el “crack” de su cuello. Se me erizaba el vello de los brazos. Veía la cara de ira de mi hermana mirándome la mía asustada y confusa. Y aunque en lo más profundo de mí sabía que Cristal no quería que la enterrásemos allí, no dije nada, callé aún sabiendo que a cada zarpazo del alma de Cristal en sus cenizas, yo me convulsionaría en ésta vida.

Salimos de Madrid casi a las doce de la noche. Viajamos en el coche de Mario. Él fue quien nos llevó a Vigo a Lili, a la urna funeraria con Cristal dentro y a mí. Deseaba llegar cuanto antes y sentir un abrazo de sor Isabel, mi amiga, mi otra hermana, a la que hacía seis años que no veía sonreír. 
 
Llegamos a Vigo sobre las siete y media de la mañana.
-   Lo siento muchísimo mi niña.- Me dijo ella nada más verme bajar del coche de Mario. La hermana Isabel y yo nos fundimos en un abrazo anhelado y no pudimos reprimir las lágrimas, fue la primera vez que la vi derrumbarse de dolor y aquello me llegó al alma. Lili que sostenía la urna con las cenizas de mi hermana, rompió a llorar y rápido fue arropada por la Madre Superiora y otras religiosas.  
 
El padre Benito, el capellán del convento, preparó la capilla para oficiar una ceremonia íntima y muy emotiva para las once de la mañana. Antes tanto nosotras como Mario, necesitábamos asearnos y descansar de la pesadez de los kilómetros del viaje.

A eso de las diez y media, un hombre llamó a la campana del Convento. La hermana Mercedes salió a recibirlo. Su mirada le llamó poderosamente la atención. Juraría que había visto aquellos ojos verdes antes. 
 
-   ¿Quién es usted? ¿Qué desea? No queremos enciclopedias…- Le espetó la monja mirándole a través del enrejado. 
 
-   No vendo enciclopedias.- Se explicó en un castellano afrancesado. 
 
-   Entonces ¿quién es usted?- Le volvió a preguntar Sor Mercedes, sin dejar de apartarle la vista del iris de sus ojos.

-   Sacó de su cartera el documento nacional de identidad de su país y se lo mostró a la monja, cediéndoselo a través de la celosía.

-   Sor Mercedes miraba el carnet, levantaba la vista del documento, le miraba nuevamente a los ojos, volvía a mirar el carnet.

-   Verá, mi nombre es Gerard Florit y creo que soy el padre de las tres niñas que ustedes criaron.
La hermana no salía de su asombro. - ¡Es usted igual que Alma, pero en hombre y mucho más mayor, claro! ¡Madre del amor hermoso!, ¡Pase usted, no se quede ahí fuera!-Le invitó a entrar ella, sobradamente emocionada. – Espere en el vestíbulo, llamaré a la Madre Superiora. Hoy no es el día más apropiado, pero da la casualidad que las niñas están aquí.

Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo a Gerard. - ¿Están aquí?- Preguntó mientras su corazón latía a mil por hora...



lunes, 19 de abril de 2010

Tres Lolitas. Capítulo 22 "Accidente Mortal"

Verano de 1989...


Lili y Alma, jugaban a saltar a la goma, con un extremo de ésta, atado al tronco de un árbol frutal del huerto. La frondosa copa de aquel árbol, les ofrecía una agradecida sombra. El calor era asfixiante, pero  ninguna de las dos, estaba dispuesta a quedarse encerrada. 
 
Cristal, leía un cómic tranquilamente en su habitación. Aquel día se había enfadado con sus dos hermanas, por culpa de la posesión de unos patines. Lo que menos se imaginaba ella, era que aquella calurosa tarde de verano, iba a vivir la peor de sus pesadillas.
En el convento, habitaba una extraña monja, que tenía la voz grave, su cara parecía más de hombre que de mujer. Además, su nariz era grande, gorda y colorada. Alma la llamaba “Sor Nariz de Pimiento”, tenía 52 años y era muy corpulenta. Daba miedo... No hacía mucho que había ingresado en la hermandad. Era parca en palabras, casi ni se relacionaba con las demás hermanas… Su presencia solitaria, incluso, las llegaba a inquietar a ellas también. 

La puerta del dormitorio, se abrió poco a poco, produciendo el chirrido de las bisagras oxidadas por la humedad y el paso del tiempo. Cristal, yacía sentada de lado en una butaca tapizada en terciopelo azul y que se encontraba situada próxima a la ventana . 

La ventana, estaba abierta de par en par. Cristal sintió una extraña presencia. Levantó la vista de la tripa de su librillo y giró su cabeza, para observar quién estaba bajo el umbral de la puerta. Había percibido como una sombra misteriosa al mirar por el rabillo del ojo.  Entonces, un escalofrío le invadió, recorriéndole todo el cuerpo, acompañado de un sentimiento de desconcierto y angustia. De pie y plantada como un pasmarote, vio que estaba con los brazos en jarras, la hermana Sor Benedicta o como Alma la solía llamar  “Sor Nariz de Pimiento”.La mujer la observaba queda y seriamente.
 
Cristal se inquietó de inmediato. Cerró el cómic de un golpe, se puso en pié de un salto cual resorte y  dejó caer el libro sobre el asiento de la butaca tapizada en terciopelo azul.

La mujer, muy audaz, entró en la estancia y ávida cerró la puerta tras de sí colocando el pestillo.
-   ¿Qué quiere hermana?- Preguntó la niña tímidamente y con la voz temblorosa. Cristal comenzaba a ponerse nerviosa.

-   Bien sabes lo que quiero.- Le dijo ella con rotundidad.

-   No, no lo sé. – Contestó la niña desconcertada y con el miedo reflejado en sus ojos.

-   Quiero que te quites toda la ropa y te tumbes sobre la cama, quiero comerte el coño.
Cristal, se ruborizó al extremo, se sentía vulnerada, quería escapar; pero el cuerpo gordo y ancho de la monja tapaba la única salida que había en la estancia.-  ¡Váyase de aquí o gritaré, la ventana está abierta, me oirán!- Le espetó, Cristal, apurada.

-   No me iré. Y es la hora de la siesta, niña, nadie te escuchará.

-   Pues me tiraré por la ventana si es preciso. 
 
-   No, no lo harás, es un tercer piso… Sabes que te puedes matar. Te desnucarías…
La niña intentó escabullirse de la mujer, corriendo por todo el dormitorio, pero la fuerza y la corpulencia de la monja, hizo que al atraparla entre sus brazos, ya no se pudiera ni mover. Tenía nueve años cuando Sor Benedicta abusó sexualmente de ella. Cristal fue violada fríamente por una monja sin escrúpulos.  La religiosa iba preparada para cometer su delito impunemente. Del bolsillo del hábito sacó cinta adhesiva, para atarle las muñecas con ella y amordazarla.  Una vez hizo a la pequeña su prisionera, la tumbó sobre la cama, le quitó la ropa con agresividad  y comenzó a meterle sus dedos gordos y su lengua viperina en su, todavía, vagina infantil. 

Cristal se retorcía  de dolor, hacía fuerza con las piernas y pataleaba, llorando de impotencia y rabia, cayendo de lleno en la más absoluta de sus desgracias. 
 
Dos semanas después de aquello, Sor Benedicta se mató, curiosa y supuestamente al caer por las escaleras del convento. Aquella mañana de domingo, Alma, salía del dormitorio cuando una  vio como su hermana forcejeaba con la monja cerca de los escalones del tercer piso. Se quedó agazapada y rezagada observándolo todo desde una esquina, estaba asustada y no entendía absolutamente nada. De pronto, fue testigo mudo de cómo Cristal empujaba a Sor Nariz de Pimiento. La mujer cayó escaleras abajo. 

Rápido, Alma, salió de su escondite y corrió junto a su hermana. La miró. Se miraron, mientras el cuerpo de Sor Benedicta caía rodando escalón por escalón hasta  desnucarse en el segundo piso del convento. Allí fue donde la encontraron muerta las otras religiosas.

Alma y Cristal, nunca hablaron de aquello. Cristal, nunca quiso hacerlo y Alma lo olvidó por completo.  
   Marzo de 2004

Los medios de comunicación se hicieron eco de la polémica. Cada dos por tres salía algún titular que hacía referencia a la repentina salida de Cristal del grupo, a los motivos de la separación,  al mal rollo que había entre nosotras. Se suspendieron las promociones en algunos países y en otros como Francia e Italia se retrasaron para finales del mes de febrero.  
 
 “3 Lolitas” se quedó en “2 Lolitas”. Comenzábamos a ver  la luz en distintos lugares y a recorrer el mundo, sumidas en el chismorreo más absoluto y vergonzante. Los viajes, aún así se sucedieron durante el mes de enero y casi todo el de febrero. También las ruedas de prensa que aclaraban, sin llegar a hacerlo del todo, los motivos de la ruptura profesional con nuestra hermana trilliza. 
 
Ya habíamos cumplido los veinticuatro años. Lili y yo, decidimos celebrarlo juntas, dando una fiesta privada, rodeadas de buenos amigos que habíamos hecho de los distintos campos del mundo del arte. Necesitábamos suavizar unos momentos profesionales demasiado duros. Momentos que Cristal, se dedicó a airear y rentabilizar monetariamente, por los distintos platós de televisión de programas del corazón.  
 
De Robert, solamente, había recibido una carta; en la que me decía que estaba harto y que tenía ganas de que pasaran cuanto antes los meses, para volver a estar juntos.  Me echaba de menos y yo le echaba de menos a él.

En Marzo, cambié de apartamento y me instalé en uno más pequeño, el cual registré a mi nombre.  Elegí el tranquilo pueblo de San Lorenzo de El Escorial para vivir. Allí, podía estar relajada y alejada del bullicio de la gran ciudad. No me importaba tener que madrugar más para ir al trabajo, lo importante era que yo ganaba en salud aunque estuviera más distanciada. Respiraba naturaleza y eso era lo que quería y necesitaba en aquellos momentos. 
 
El centro de la ciudad de Madrid me mataba. Además, tenía la ventaja de que Mario, era muy comprensivo conmigo y me daba un margen de quince minutos a media hora,  para llegar tarde. Probablemnte los miramientos que tenía mi jefe conmigo se debían a que todavía estaba enamorado de mí. Se le notaba en los ojos... Pero desgraciadamente para Mario, yo era un amor no correspondido. Y él para mí, era como una especie de padre, el padre que nunca tuve, el padre que me abandonó. No podía verlo con otros ojos. Mi corazón le pertenecía  a Robert hasta el fin de los días. 
 
El primer viernes de marzo, quedé con Lili para comer y efectuar unas compras en un conocido centro comercial de la capital. Uno de los más grandes, el de la Vaguada. Entramos en una ultra conocida franquicia de tiendas. Nos apetecía mirar ropa. Lili, las últimas tendencias de la moda pret â porter. Yo, desvariando como de costumbre, obsesionada con los jeans que ya prácticamente ni me cabían dentro del armario y las camisetas. 
 
Aquel era el lugar idóneo para estar tranquilas, mucha gente, muchas tiendas, guardias de seguridad nada de cámaras siguiéndonos paso a paso... Necesitábamos liberar el estrés de los últimos días, pasar desapercibidas del mundo. ¿Qué mejor forma de hacerlo?... Quemando dinero. Lili solía decir: “Yo no pienso ser la más rica del cementerio, jamás”.

No pude evitar arrastrar a mi hermana hasta el Levi's Store, era mi paraíso terrenal. Me lancé de cabeza a por unos vaqueros, pitillo, preciosos y a punto estaba de ir a probármelos; cuando el móvil de Lili, comenzó a sonar con una melodía de gemidos de un hombre y una mujer, supuestamente practicando el coito,  en mitad de la tienda. Me sonrojé, sabía que era su móvil el que sonaba. Inconfundible con aquel tono obsceno. 
 
Las personas que había dentro de la tienda se miraban unos a otros, algún gilipollas miraba su teléfono (¿qué persona normal iba a llevar ese tono en el móvil?, sólo Lili podía llevar tal “melodía” sin cortarse en público ) Aparté la mirada del pantalón, mientras que la dependienta se partía de risa (no sé si de ver mi cara o de escuchar los gemidos resonando por toda la tienda), miré a mi hermana arqueando una ceja y le dije: “¡Quieres coger el teléfono de una puta vez!”.

-   No.- Me contestó ella tan pancha.- Ignóralo, Alma, no lo pienso coger, seguro que es Cristal. Últimamente no hace más que llamarme arrepentida por lo que hizo y no me da la gana de que me estropee una tarde de shopping.

-   Pues te está mirando toda la tienda y ahora me miran a mí también. Se supone que íbamos a pasar desapercibidas. ¡Nena, quieres coger el móvil! ¡Cógelo!- Levanté la voz.

-   No lo voy a coger, que miren, son sólo gemidos, los gemidos de un tono de esos gracioso... 
 
-   Ya, un tono de esos, que lo están escuchando niños, Lili.- Dije mirando a un chiquillo de unos seis años, de ojos grandes y cara traviesa que me miraba esbozando una sonrisa pilla.

-   Bueno hoy en día los niños saben más que tú y que yo juntas, Alma. No sé de qué te asustas.

-    ¿Y si pasó algo, Lili?- Inquirí, al ver que quien fuera que fuese el que llamaba, lo hacía con insistencia.  
 
Hasta las narices, me dirigí hasta mi hermana, le abrí el bolso y cogí yo misma el teléfono porno, tenía un mal presentimiento. Fuera, quien fuera la persona que llamaba lo hacía constante y quería localizarnos a toda costa. Descolgué fugaz.- ¿Si?- pregunté.

-   ¿Los familiares de Doña María Cristal de Santo Domingo, por favor?

-   Si, está usted hablando con su hermana Alma, soy su hermana. ¿Qué ocurre? ¿Quién es usted?- Pregunté atacada de los nervios.

-   Verá, le llamamos desde el cuartel de la Guarda Civil. Esta madrugada, su hermana, tuvo un grave accidente de tráfico a la altura del km 13 de la carretera Nacional 6 con dirección a La Coruña. Si hace el favor, ¿podría presentase usted misma en el Hospital Central para su identificación y avisar al resto de sus familiares?

-   No hay más familiares que avisar, muchas gracias.- Colgué y el móvil se me resbaló de la mano, cayéndose al suelo.

     -   ¡Alma, que mi teléfono  vale una pasta!- Gritó Lili.- ¿Qué te pasa? Te has quedado pálida, hermana. – Percibió con cierto aire de preocupación. 
Estaba nerviosa, me temblaba todo. Lili, empezaba a impacientarse. Soy una persona muy expresiva y mi cara no le gustaba, sabía que las cosas no estaban bien y sin saber aún el alcance de la noticia, sólo con mirarme el rostro, rompió a llorar en mitad del Levi's Store. 
 
La gente nos observaba atónitos, con cara de preocupación. Reaccioné en cuestión de segundos, necesitaba digerir lo que me acababa de decir por el teléfono la voz seria de aquel agente de la Benemérita que tan sólo estaba desempeñando su trabajo.

-   ¿Me quieres decir, qué “coño” ha pasado?- Me preguntó Lili angustiada y sin parar de derramar lágrimas.

- Cristal...- Musité

- ¿Cristal qué? ¡Reacciona, joder! Dime… - Me zarandeó. 
 
- Era la Guarda Civil, Cristal está muerta… Me dijeron algo de ir a identificarla al Hospital Central. Está muerta, se mató, Lili… Nuestra hermana se nos fue…
Se hizo el silencio más absoluto, las personas miraban para otro lado, haciéndose los locos. Mi garganta no hacía más que tragar y tragar saliva, pero se secaba, se me clavaban puntiagudos espinos en ella. Los ojos a punto de reventar  en un mar de lágrimas, se me salían de las órbitas. 
 
Aquello no tenía que estar pasándonos, no podía ser cierto. Cogí a mi hermana del brazo tirando de ella hacia mí y nos marchamos de La Vaguada. Caminando entre la multitud, llorando las dos al mismo tiempo, al mismo compás, al mismo son del tambor de la muerte menos inesperada. Nacimos juntas y se suponía que debíamos morir juntas. Ilusas nosotras… Nacimos juntas, pero moriríamos separadas. Ya nada sería lo mismo. Las lágrimas caían solas. 
 
Y después de romperme las cuerdas vocales, intentando llamar la atención de algún taxi libre; por fin, un hombre paró para llevarnos. Tardamos casi más de media hora en hacernos con el maldito coche. ¿Por qué será que cuando se tiene prisa y se necesita “algo” nunca aparece?

En Hospital, entramos por la puerta de urgencias, allí se agolpaba una decena de periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión. Por lo visto hasta ellos se hicieron eco de la noticia antes que nosotras. El Jefe de Urgencias del Hospital, salió a recibirnos y a intentar poner un poco de orden, con un séquito de enfermeras y celadores a sus espaldas.

Lili, estaba mareada y en estado de “shock”. Yo nerviosa, cabreada, miraba para el suelo, ignorando por completo a la prensa en general. Estaba harta de todo aquello, de tanta noticia mediocre. No era momento de lucro, ¿qué necesidad había de montar todo aquel “pitote” de medios de comunicación? “Ni que mi hermana fuera la presidenta del gobierno…” pensé para mí.   

El Jefe de Urgencias y otro médico de guardia, nos llevó a una salita de espera, en la cual, también, Mario y una pareja de Guardias Civiles nos aguardaban. Tanto ellos como Mario, nos aconsejaron que tomásemos asiento. Lili se desplomó en uno, yo no quise hacerlo, me negué a sentarme y preferí permanecer de pié... 
 
-   Lo siento mucho chicas. Hicimos lo que pudimos.- Dijo el médico jefe.

-   ¿Cómo dice?... Entonces, Cristal… ¿Llegó viva al hospital?... 
 
-   Llegó en estado muy crítico, Alma. Entró en parada cardio respiratoria nada más entrar en el box. 
 
-   Y… ¿cómo fue?- Le preguntó Lili a uno de los agentes.

-   Fue de madrugada, sobre las cuatro de la mañana, una llamada anónima avisó del accidente. Los peritos creen que su hermana circulaba a más de 190 kilómetros por hora, las pruebas forenses indican que conducía bajo los efectos de estupefacientes. Probablemente perdió el  control del vehículo, es por eso que saltó la mediana y volcó...

En la sala de espera, se hizo un silencio sepulcral. No nos podíamos creer lo que estábamos escuchando. Nuestra hermana muerta. Lili, casi ni pronunciaba palabra y yo me sentía culpable de lo acontecido. 
 
-   Siento decirlo, señorita…- Apuntó, esta vez el  sargento de la Guardia Civil.-… pero su hermana era un cóctel molotov en la carretera, pudo haber causado la muerte a otros conductores que circulasen por el carril contrario.
Escuchar aquello, me superaba. Mi hermana estaba muerta y para colmo, el agente me estaba insinuando que era una delincuente. Sabía que, él, sólo cumplía con su obligación, pero joder, acababa de perder a mi hermana. Tanta franqueza en un momento tan duro, tan amargo, tan difícil… No hizo más que derrumbarme más. Pensé que aquello sobraba.

Pocas cosas tenían sentido en aquellos momentos. Ni el grupo, ni Mario que no abría la boca, ni los periodistas que esperaban fuera como buitres, ávidos de cotilleos morbosos…  Ni las giras por el mundo, ni los fans, ni Robert, ni Irak… 
 
Cuando bajé a los sótanos, donde se encontraban las cámaras frigoríficas, para reconocer su cadáver, comprendí que el sentido de la vida desaparecía para mí en aquel mismo momento. Que nos creemos ser todo y que en realidad no somos nada. Fueron los cinco minutos más largos de toda mi vida. 
 
Por mi mente vagaba un sinfín de imágenes vividas a su lado. Me acordé de cuando Cristal empujó a la monja “Nariz de Pimiento” escaleras abajo. Me preguntaba si tal vez aquello que escondía era lo que la había llevado hasta el derrotero de la oscuridad absoluta. De cuando me la encontré vestida de novia en el rellano de la escalera de mi apartamento de Rota porque Carlos la había dejado por una brasileña. Del fardo que escondía en el cojín, del hijo de puta de Lucas de la Peña que andaba desaparecido… Comenzaba a comprender que mi hermana, no había sido una viva la vida, sino que había sufrido más que ninguna…

Su cara estaba intacta, su cuerpo no me lo dejaron ver, posiblemente porque estaría destrozado. Los bomberos tuvieron que sacarla del amasijo de hierros en el que había quedado su flamante coche deportivo. 
 
Después del mal trago, corrí junto a Lili, envuelta en un llanto ahogado. Nos fundimos en un abrazo, provocando a los que nos rodeaban, que agachasen sus cabezas, mostrando una actitud solemne y de respeto total hacia nosotras. 
 
Entre los periodistas de la puerta, corría un rumor de que la noche anterior, Lucas había roto con Cristal… Otro añadido más a su lista negra.

domingo, 18 de abril de 2010

Tres Lolitas. Capítulo 21 "Sin Noticias de Cristal"


Nos despertamos desnudos y abrazados frente a frente, entrelazadas nuestras piernas, envueltos entre las sábanas, respirándonos el uno al otro. Eternos amantes, únicos testigos  de nuestra intensa noche de pasión . Una noche demasiado ardiente que duró hasta casi el amanecer de un nuevo día y que continuó hasta el desayuno.

Y mientras miraba absorta la belleza de los ojos despiertos de Robert; mi mente maquinaba sola por su cuenta. Estaba segura de que la culpable de lo que había ocurrido en el apartamento, era  mi hermana Cristal, no cabía lugar a duda.  Y  no estaba dispuesta a vivir más situaciones caóticas gracias a ella. 

Robert y yo, nos pusimos a buscar en las gruesas guías de telefónicas, el número de contacto de la empresa publicitaria “PUBLIPEÑA”, propiedad de Lucas. Tenía que hablar a toda costa y como fuera con uno de los dos. Así que como mi querida hermana no se dignaba a contestar el móvil,  opté ir directamente a por el susodicho. Ya no me importaba lo que sucediera y totalmente armada de valor, en cuanto encontré el maldito número en la guía, lo marqué sin que me temblase la mano…

-    “PubliPeña”, buenos días, la atiende Ana López, ¿en qué puedo ayudarle?

-   ¡Ah, hola! Me gustaría hablar con el director de la empresa; el señor Lucas de la Peña, es urgente, por favor...

-   De acuerdo, pero antes me tiene que decir quién le llama, gracias.

-   Sí, claro. Soy Alma, la hermana su amante.- Dije rotunda  y con absoluta frialdad.

Se escuchó un largo silencio y acto seguido la voz femenina de la que se suponía debía ser la recepcionista, apuntó.-   Espere un momento, por favor, ahora mismo le paso la llamada, no se retire...

Pensé para mí que acababa de tener una suerte increíble al haber conseguido que me pasaran a Lucas a la primera. Por fin iba a contactar con él y realmente le tenía demasiadas ganas. "Bingo. El jefecito está en su puesto de trabajo"... “Te cacé, cabrón”… 

Después de estar al menos veinte minutos escuchando la pesada melodía de espera, una voz masculina y entrecortada me sobresaltó al contestar de repente desde el otro lado del hilo telefónico...

-  ¡Dígame!...

Reaccioné rápida y en un tono más bien borde le espeté.-   Venga, Lucas, sabes de sobras quien soy, se lo dije antes a tu recepcionista. A ver si te crees que soy gilipollas.

-   ¡Hombre! ¡Alma! Es un verdadero placer poder conocerte y hablar contigo, aunque sea a través del teléfono, ¿verdad?

-   ¿No me digas?... Anda, no me jodas, Lucas...

-   ¿Para qué cojones me molestas entonces?- Me preguntó él cambiando el tono sátiro por uno más ofensivo.

-   Quiero hablar con mi hermana, ¿para qué te iba a llamar sino? Sé de sobras que está ahí contigo.- Le insinué.

-  Sí... está... Pero da la casualidad que ella no quiere hablar contigo.

-   ¡Pásamela!- Le imploré.

-   Dice que no quiere, y si dice que no quiere, no se pondrá.

-   De acuerdo, me parece estupendo, pues le dices de mi parte que muchísimas gracias. Ya veo lo que le importan sus hermanas. ¡Ah! y una última cosita, Lucas, sólo es una pregunta… ¿Fuiste tú, no?

-   ¿Si fui yo, qué?- Preguntó, una de dos, confundido porque no sabía a lo que me refería o simplemente haciéndose el gilipollas.

-   Fuiste tú el que la introdujo en el mundo de la droga, ¿verdad? 

-     Preciosa, tu hermana es mayorcita para saber lo que se hace.  ¿No crees?- Lucas, colgó de un golpe seco y la llamada se cortó de repente.

"Será hijo de puta" Pensé. El tema de mi hermana parecía misión imposible. Decidí tirar la toalla al respecto y dedicarme a mí misma, sin estar preocupándome siempre por los demás y sin nadie preocupándose por mí.

Mi amor y yo comimos juntos en el restaurante del Hotel. Yo pedí una ensalada y él un entrecot poco hecho. Por debajo de la mesa, me acariciaba el mulso hasta la rodilla. - No quiero verte mal y preocupada. No pienses en ella, si ella no lo hace en ti. Si sigues atormentándote así, al final vas a enfermar. – Me dijo tierno, Robert.

-   Es mi hermana, Robert, tienes que entenderlo. La quiero mucho y por eso sufro. No tengo más familia que mis hermanas… Para colmo, tú también te marchas a un país súper conflictivo…

-   Alma, por mí no te tienes que preocupar, pienso volver. ¡Eh! ¿Nunca has escuchado eso de “mala hierba nunca muere”? Recuerda que soy un marine. No debes de preocuparte. Don’t worry! Ok?

-   ¿Y si te olvidas de mí?… Me muero si me dejas, Robert. Me matarías en vida. Te amo.

-   Tranquila, no va a pasar nada. Peor me voy yo, pensando en los jaleos en los que te pueda meter Cristal… Y te amo demasiado para dejarte escapar, es muy fuerte lo que siento por tí. Te llevo dentro, Alma.- Robert me acarició el pelo con una mano, luego la mejilla con las yemas de los dedos, los labios… Agarró dulcemente mi mentón, acercó su boca entreabierta a la mía y me besó para sosegarme.

El fin de semana pasó pronto, veloz.

El lunes acerqué a Robert al aeropuerto en mi coche. Nos despedimos y al hacerlo, no pude evitar quedarme abrazada a él, derramando lágrimas incontrolables por su marcha. Le iba a extrañar tanto… Me hubiera gustado subirme a su avión y desaparecer con él. Perdernos del mundo y estar juntos eternamente, viviendo solos en otro planeta. Nos costaba mucho despegarnos, decirnos adiós. Parecíamos dos imanes. Me prometió que me escribiría, que los meses pasarían volando, que me intentaría llamar vía satélite y que volveríamos a estar juntos de nuevo.

Llegué a la discográfica, desalentada, pero al mismo tiempo, estaba muy feliz y satisfecha. Allí, Mario y Lili me esperaban muy serios y de brazos cruzados. Intuía malas noticias.

-   Buenos días.- Les saludé.- ¡Eh, qué caras! ¿Qué os pasa? ¿Llego muy tarde?- Le pregunté, sin entender el porqué de sus rostros,  a Mario.

-   Tú no, pero Cristal ni ha llegado ni contesta a las llamadas de Mario. – Dijo Lili, adelantándose a él.

-   Creo que sé de quién es la culpa…- Dije con resignación.

-   Sí, no me digas más.  Será cabrón el Lucas…- Apuntó Mario encolerizado.  

-   ¿Qué le ha pasado a Cristal, Alma? Ella siempre fue una gran deportista. Nunca se hizo un canuto ni bebió calimocho ni siquiera tomaba aspirinas; ¿recuerdas? – Me preguntó, Lili con inquietud.

-   Las personas cambiamos, hermana. Ella ha accedido fácilmente al polvo blanco, lo ha probado y le ha gustado; contra eso no hay más nada que su propia voluntad. Y no la tiene, se enganchó y no tiene lo que hay que tener para plantarle dos cojones a la vida. Fue débil y decidió someterse a un indeseable, chupa sangres. Ya no hay vuelta a atrás. Así de fácil. No se supo poner límites, Lili.

-   Bien, pues habrá que tomar cartas en el asunto. No podemos seguir con esta pantomima. Estamos retrasando el trabajo por su culpa y tenemos que preparar  vuestra próxima promoción en Europa y Latinoamérica.- Nos comentó Mario. 

-   ¿Y qué es lo que tienes pensado?- Preguntó Lili curiosa.

-   Hablaré con ella.  Le haré comprender que tiene firmado un contrato que debe cumplir y cambiar esa actitud. Si quiere drogarse, que se drogue; eso no saldrá de entre estas cuatro paredes, ¿entendisteis? Si os preguntan por la calle, lo negáis todo. 

-   Pero, ¿Y si no cambia, Mario?- Pregunté.

-   Pues si no cambia, su modo de comportarse referente al trabajo, me veré obligado a pedirle que se vaya si no está a gusto. Que abandone el grupo y se marche con el mamón de Lucas de la Peña. – Nos advirtió muy enfadado y molesto.

Las palabras de Mario eran duras y nos dolían. Cristal era nuestra hermana y para más inri, trilliza. Por otra parte, lo entendíamos perfectamente. Su planteamiento estaba lleno de razón. Mario, había invertido muchísimo dinero en nosotras, en producir nuestro trabajo; y tampoco se merecía un fracaso por una pavada como aquella. Teníamos seguidores de todas las edades y nos jugábamos nuestra reputación artística y  personal.


Enero del 2004

Finalmente, Cristal dejó el grupo, pero no de la forma que todos esperábamos que lo hiciera. Hacía una semana que no teníamos noticias de ella ni de Lucas. Mi hermana Lili y yo nos leíamos hoja por hoja todas la revistas del corazón que arramplábamos del quiosco en busca de alguna foto, de algún titular, de algo (cualquier nimiedad nos valía, hasta los “¡horror!”; pero nada.  Parecía que estaba desaparecida del mundo, como en otra galaxia. Pasamos las Navidades las dos solas. Robert estaba en Irak, Hugo rodando una película en México y a Cristal se la había tragado la tierra.

Su desaparición se ocultó como que estaba temporalmente apartada por motivos de salud sin dar más reseñas ni explicaciones. Mientras que Lili y yo, llevábamos un par  de semanas preparando la presentación del disco, primero en Portugal y después en Francia. Países nos abrieron las puertas del mercado con  record de ventas gracias al single “Three Hearts”.

  Un día de repente y sin que nadie supiera nada al respecto ni lo esperase; Cristal salió en la portada de un interviú enseñando las tetas. En la revista ella misma comentaba que todavía seguía saliendo con el empresario. Lucas  no pararía hasta conseguir  su objetivo; hundir  a “3 Lolitas”.

Mario llamó cabreado a nuestra hermana, para que se personara de inmediato en su despacho. Ella se personó colocada y con unas pintas de cerda que tiraban para atrás. Llevaba los jeans sucios, una camiseta roída y el pelo semi recogido en un extraño moño.

-   ¡Joder, Cristal! ¿Qué te ha pasado?- Le pregunté con cara de asco, nada más verla de aquella guisa. - ¡Pensábamos que estabas muerta! 

-   No, menos mal que enseñó las tetas en la revista que si no es por eso… Por cierto, ¿qué le pasaron? Te han quedado un poco chuchurrías ¿no?.- La recibió, Mario con muy mal gusto.

“En lo de las tetas chuchurrías se le fue la pinza y se pasó tres pueblos”.- cavilé para mí. 

-   ¡No te enfades conmigo, Mario!.- Le dijo ella melosa con un aliento que tiraba hacia atrás.-  ¡Tú sabes que yo te quiero mucho!- Se le abrazó al cuello toda colocada

-   Si, ya lo veo. ¡Qué mal hueles hostias! ¿Cuánto hace que no te duchas, Cristal? Y cómo te canta el aliento, ¡joder! ¡Dios! ¿cómo Lucas consiente tenerte de esta forma? Vaya cabrón.  

-   No hables así de Lucas.- Le recriminó Cristal a Mario.

-   ¿Pero no te da vergüenza ir así por la vida?...- Le dije yo.

-   Mírate tú a un espejo y verás una zorra.- Me dijo sin cortarse.- ¿Y qué pasa?, ¿no tengo derecho a enamorarme o a que me quieran?

-   No, Cristal, no te confundas. Lucas no está enamorado ni de ti, ni de nadie, sólo de sí mismo.- Afirmó,  Mario, con conocimiento de causa.

-   Mierda para tí, Mario;  ¿para esto me llamaste? ¿Para decirme todas estas gilipolleces?

-   No. Te llamé porque quiero que vuelvas al trabajo o te vayas definitivamente. Estoy hasta los cojones de tus impertinencias. 

-   De acuerdo, Mario, volveré; me hace falta el dinero… Pero no quiero compartir camerino con mis hermanas, eso que te quede bien claro.

-   Pues lo vas a tener que compartir, porque aquí las normas las dictamino yo. Mira, Cristal, si quieres no les hables; pero no me dejes colgado porque todo esto que habéis conseguido me costó una gran inversión de dinero y sacrificio, ¿lo entiendes?... 

- No, no lo entiendo, Mario. ¿Qué pasa que ya te las has follado también a ellas? Si me vas a imponer tener que aguantar a este par de gilipollas, pijas y niñatas. ¡Que os den por el culo a los tres!- Con las mismas, se fue, traspasó el umbral de la puerta de la oficina de Mario y jamás volvió a traspasarlo de nuevo...

sábado, 17 de abril de 2010

Tres Lolitas. Capítulo 20 "Noche en el Hotel"



Nos quedamos atónitos ante aquella misteriosa pintada sumamente amenazantte sobre la pared “PAGA LO QUE DEBES O DEVUÉVENOS LO QUE ES NUESTRO, PUTA”. Un escalofrío recorrió mi espalda, acompañado de un sentimiento de absoluta preocupación después de leer la frase... El miedo y la angustia se reflejaba en mi rostro. Y a mi mente, retornaba la imagen de mi hermana Cristal una y otra vez. 

Robert, me miraba con el ceño fruncido, serio. Se le notaba que estaba confundido. Supuse que aquella situación le habría extrañado y probablemente mosqueado, también. Quizás se preguntaba para sí mismo, con  qué clase de chica se suponía que estaba saliendo.

Recuerdo que las figuritas de decoración, los libros, los marcos de foto,  los plortapapeles del escritorio, la ropa, las lámparas e incluso hasta algunos cuadros descolgados de las paredes; estaban todos tirados por el suelo. 

Había un millar de cristales rotos y los cajones del apilable los habían sacado del mueble y vaciado, esparciendo las cosas que se guardaban en su interior por todas partes. Incluso, quien quiera que fuese él o los que habían entrado en el apartamento aquella noche, no dudaron en revolverle la maleta a Robert. 

Así que para curarme en salud, no me quedó otra opción que contarle la realidad que estaba viviendo mi hermana Cristal. Una cruda realidad de la que éramos partícipes los dos en aquel mismo momento. Reconozco que me sentía completamente avergonzada y no me atrevía ni tan siquiera a mirarle a la cara.

En  un principio, pensé que Robert se lo tomaría a mal, fatal de hecho. Pensé que recogería sus cosas y tremendamente enojado, me abandonaría en mitad de la tormenta, pero no lo hizo. En lugar de eso, me abrazó fuertemente entre sus brazos, apretándome contra sí. No pude evitar romper a llorar, dicen que las perconas que realmente te quieren permanecen a tu lado tanto en lo bueno como en lo malo. Yo me sentía deshacer mimosa, apoyando mi cabeza sobre su pecho. Me encantaba la sensación de protección que me ofrecía con sus abrazos. Y el corazón me latía a mil por hora. 

Robert, supo comprenderme y me convenció para llamar a las fuerzas de seguridad. y denunciar los hechos. 

Acudimos juntos a la comisaría de policía más cercana. Después, decidimos que lo mejor era pasar la noche en un hotel por si volvían los supuestos maleantes.Había que prevenir por si las moscas...
 
Sin duda, Cristal no andaba entre buenas compañías. Y realmente, me ponía furiosa cavilar en ello, darle vueltas en mi mente. Quizás, ese tal Lucas era el precursor de todo lo que estaba pasando y lo que quedaba por pasar, su persona, me hacía temer lo peor.

Robert y yo nos fuimos en mi coche al primer hotel que encontramos. Una vez allí, nos registramos y la recepcionista nos dio la llave de una suite. Telefoneé de urgencia a Mario. Creí que al estar el apartamento a su nombre debería ser conocedor de lo que allí se había acontecido.  Y no extrañándome en absoluto, cuando le informé, éste se enfadó muchísimo. - ¡¿Cómo cojones pudo ocurrir algo así, Alma?!- Vociferaba, nervioso, desde el otro lado del teléfono. - Si tu hermana anda mentida en los suburbios del mundo de la droga yo lo debería de saber...

-   Mario, te aseguro que yo no tengo nada que ver al respecto y estoy tan molesta o más que tú, con este tema. Te recuerdo que Cristal es mi hermana...

-   ¿Hablaste con ella?- Me preguntó con voz recia. 
 
-   No, Mario, todavía no. Pero hay algo más... que deberías saber…- Musité.

-   ¿Qué? ¡Maldita sea, Alma! ¡Habla ya de una maldita vez!- Se impacientó.

-   Pues, es que Cristal dejó el apartamento esta mañana y no tengo ni idea de cómo localizarla; no me coge el móvil y no sé donde puede estar. 
 
-   ¿Cómo que se fue? Pero... ¿Por qué coño se fue?

-   Ayer por la noche, nos peleamos y discutimos. Guardaba un pequeño fardo de coca dentro de la casa, escondido en el interior de uno de los almohadones del sofá. Esta mañana recogió sus cosas y se marchó sin más. – Le expliqué entre lágrimas.

-   ¿Sola?

-   Me temo que no…Se fue con él...
 
-   ¡Lo sabía! ¡Ese maldito Lucas de la Peña! ¡Valiente hijo de puta! Este es el mejor sabotaje que me había podido hacer.

-   Pero, entonces ¿tú le conoces bien?- Pregunté con extrañeza. 
 
-   Claro, como no... Fui con él a la universidad, fue compañero en la facultad de Dirección y Gestión de Empresas. Y también mi pesadilla. ¡Maldito cabrón! Se las apañó el muy cerdo para engatusar a tu hermana con sus mierdas. Le estará lavando la cabeza y conseguirá con ello mandar al traste nuestro proyecto, Alma. 
 
-   Mario, no sé qué decirte, la verdad desconocía esta información, ni por asomo imaginaba que os conocíais de antes…

-   Tienes que hablar con tu hermana, convéncela de que Lucas la está utilizando para su propio interés y beneficio… - Me imploró, Mario.- Esto es una guerra que ya hace tiempo que me la declaró...

-   Es complicado lo que me pides, Mario. ¿Por qué no se lo pides mejor a Lili, Cristal no me habla y  jamás razonaría conmigo, mucho menos de un tiempo a esta parte...
Muchas veces he pensado que si Robert no hubiera venido aquel jueves a Madrid, probablemente los matones a sueldo y cobradores de deudas, me hubieran sorprendido sola en el apartamento. El miedo se apoderaba de mi cuerpo sólo de cavilar en ello y sentía unas ganas inmensas de llorar. 

Lloraba, lloraba y lloraba, mientras observaba, queda, la solitaria e iluminada calle desde la ventana del tercer piso del Hotel en el que me alojaba.  
 
Dentro de la habitación hacía calor, la calefacción debía estar al máximo y Robert se había despojado de la sudadera de los Pistons y una camiseta negra que llevaba por debajo. Mostranba su torso desnudo, fuerte y bien torneado. Sólo llevaba puesto los vaqueros desgastados con los dos primeros botones de la bragueta desabrochados. Descalzo se acercó despacio hacia mí y me abrazó por detrás, besándome dulcemente la mejilla- No le des más vueltas, Alma, la policía hará bien su trabajo, confía en ellos… Te quiero.- Me susurró al oído.

            Mis entrañas se estremecieron  en ese momento en el que escuché de su boca aquellas dos palabras tan hermosas, tan profundas, tan fuertes. - ¿Lo dices de verdad?- Le pregunté, dándome la vuelta temblorosa y mirándole a los ojos. 
 
-   Te quiero, Alma.- Me volvió a repetir convencido. Su deje al hablar me volvía loca.

-   Hazme el amor.- Le rogué sedienta de su sexo. 
 
Nos besamos desesperados. Nuestras bocas no dudaron en juntarse, encajaban perfectas. Éramos un solo ser entrelazando nuestras lenguas, traviesas y juguetonas que recorrían húmedas cada recoveco y cada rincón de nuestro paladar. Quería morirme de placer, un placer divino que nos hacía excitarnos sin límites a los dos, amándonos al unísono, envueltos en la pasión más desatada, loca  e incontrolable.  

Robert, me tumbó sobre la cama y cuidadosamente empezó a quitarme la ropa,. Sentía sus caricias deslizarse veloces, sobre mi piel. Recorrió con sus manos todo mi cuerpo excitado y deseoso de su amor. Mi sexo húmedo clamaba a gritos a su miembro viril, grande y endurecido que sentía erecto, apoyado sobre mi muslo derecho. Mientras él me besaba en el cuello, yo le arañaba la espalda, le agarraba del pelo, le comía la oreja…

Me penetró fuerte, profundo… Notaba la presión y  el peso de su cuerpo sobre el mío, me empujaba salvaje haciéndome explotar, transportándome al paraíso  nada más sentir su semen fluir dentro de mí. Rozándome el alma, me hizo gemir y gritar sin importarme nada ni nadie. Quería más, quería a Robert para mi sola, necesitaba amarlo sin cesar,  fundirme junto a él en un solo ser. 

Éramos dos iguales regalándonos un amor desenfrenadamente puro, un amor sin límites, un amor sin fronteras, un amor sin normas, ni leyes.  Follamos toda la noche, y todavía nos quedaban cuatro días…