lunes, 15 de marzo de 2010

TRES LOLITAS capítulo 17 "Papel Couché"


La salud de mi hermana, me preocupaba. Siempre había sido una persona amante de los deportes, muy atlética y demasiado preocupada por su aspecto físico. Pocas veces la había visto enfermar o padecer alguna dolencia. De adolescente jamás se animó a probar el tabaco o el alcohol, al contrario que Lili y yo. Recuerdo que tontear con aquello nos hacía sentir más mayores.

Empecé a tener la impresión de que Cristal estaba empezando a arruinar su joven vida. No se la veía disfrutar del momento tan dulce y dorado que estábamos viviendo. Apreciaba cierta desorientación en sus ojos. Pensé que tal vez todo viniera provocado por lo de Carlos y la brasileña. Bajo mi punto de vista, creía que no lo había superado. 

Por aquel entonces, Cristal comenzó a adelgazar desmesuradamente en poco espacio de tiempo. Perdiera diez kilos en menos de un mes y sus ojeras macadas afeaban su mirada, envejeciéndola prematuramente. Su carácter se había vuelto oscuro y desafiante.  Nunca estaba de acuerdo con nada ni nadie. Todo le molestaba. Se había transformando en una persona demasiado agresiva y egoísta que insultaba a diestro y siniestro, queriéndose comer el mundo, sin darse cuenta de que era el mundo el que se la estaba comiendo a ella. Solía amenazar a los periodistas que la seguían y perseguían por las calles. Y no sólo a los periodistas; a Mario, a mí y en definitiva a todo aquel que por una casualidad quisiera llevarle la contraria o meterse en su vida… “¡Qué pensarían las monjas del Convento si la vieran así!...”; cavilaba continuamente para mis adentros. "Sin duda, no se lo creerían". 

Yo era consciente de que Cristal era mayor de edad, de que tenía la libertad absoluta de hacer con su cuerpo y con su vida, lo que le viniera en gracia. Pero no podía, aunque quisiera, evitar sentir una sensación desazonada y triste. Me remordía la conciencia, el no poder ni saber cómo ayudarla. Como evitar que cayese en un pozo negro. Me hacía un sinfín de preguntas como “¿Quien la habría introducido  en un mundo tan podrido? Tenía claro que sola, nunca habría llegado a aquella situación tan penosa... “Alguien tuvo que facilitarle la sustancia y convencerla para ingerirla”, “¿Y si la productora discográfica se enterara?”; demasiadas cuestiones retumbaban en mi atormentada cabeza.  


La luz anaranjada del crepúsculo entraba a través del cristal de la ventana. Estaba cansada y me recosté en el sofá de la sala. Acababa de llegar al apartamento y la única en recibirme fue mi perra, Lúa.

Lili, prácticamente ya no hacía vida allí, pasaba los días y las noches en casa de Hugo. Cristal, todavía no había llegado…

Después de descansar un rato, ya entrada la noche; saqué a pasear a Lúa a un pequeño parque cercano que había en la primera manzana de la calle, justo al doblar la esquina. El pobre animal se había quedado todo el día solo. Menos mal que al vivir en un ático con terraza podía jugar allí y despejarse.

Fuera, hacía mucho frío. Las Navidades estaban cercanas y ya se notaban las típicas temperaturas gélidas del mes de diciembre.  Después de media hora dando vueltas, caminado con las manos en los bolsillos de mi cazadora de cuero negra, divagando…, decidí subir a casa.

Me dolía la cabeza. Calenté, un poco de leche para tomarme una aspirina. Y de nuevo me volví a echar sobre el mullido sofá de la sala con Lúa tumbada a mis pies. Con el mando a distancia, encendí el televisor de plasma. Curiosamente, por el canal 5, emitían un programa de noticias del corazón en directo en el que hablaban de mi hermana Cristal.

Uno de los periodistas de entre los cinco colaboradores que estaban sentados en una silla, hablaba de una supuesta relación con un empresario adinerado, casado y veinte años mayor que ella. Aquella noche iban a descubrir a los espectadores las imágenes que confirmaban el romance.

Hasta que no terminase la publicidad, no emitirían las fotografías de mi hermana con aquel empresario. Recuerdo que estaba inquieta y no sabía qué hacer. Me pregunté si mis hermanas estarían viendo el programa, si Mario lo estaría viendo… Tal vez fuera él, el empresario del que hablaban en el programa “Salsa de Color de Rosa”. Sentí el gusanillo de llamar a Lili por teléfono y a tiro de hacerlo, pero me contuve por culpa de que en ese preciso momento terminaron con la pausa publicitaria y seguidamente hicieron públicas las fotos de Cristal que me dejaron de piedra. En ellas se veía claramente que se trataba de ella. Mi hermana, se acababa de coronar como la amante del empresario mallorquín, Lucas de la Peña.

De inmediato, comenzó a sonar el ring del teléfono de mi apartamento…- ¿Diga?- Contesté, ávida, nada más descolgar el auricular.

-   ¡Alma!, ¡Alma! ¿Estás viendo la tele?- Me preguntó la inconfundible voz sobresaltada de mi hermana, Lili.

-   Me temo que si... - Contesté resignada.- ¡Qué fuerte!- Exclamamos las dos a la vez.

-   ¿Tú…? ¿Tú crees que esto será bueno para el futuro de 3 LOLITAS?- Me preguntó Lili, nerviosa y con un tono de preocupación.

-   Pues no lo sé, Lili; pero creo que Cristal esconde más cosas…

-   ¡Ay, Alma! Que no estoy para más sorpresas... ¿Qué es lo que oculta?

-   Sólo te digo que la observes, ¿últimamente no te has fijado que no está en sus cabales? Hay "algo" que te sorprenderían demasiado en ella. 

-   Pero, ¿es que has visto "algo" fuera de lo normal? ¡Cuéntamelo!

-   Prefiero que lo compruebes por ti misma, me sabe mal delatarla y de todas formas no es un tema para hablarlo por teléfono. A todo esto, ¿Mario te llamó?

-   De momento no lo hizo y espero que no está viendo el programa, porque conociéndole pondrá el grito en el cielo. Mañana me paso por ahí para hablar tú y yo seriamente, hoy es muy tarde. Cúidate hermana.

Apagué la pantalla y me encerré en mi dormitorio. No quería saber ni escuchar ni ver nada más. Me despojé de los calcetines, del vaquero, del jersey, de la camiseta y me acosté en la cama en ropa interior. Cogí mi teléfono móvil, apagué a luz de la lámpara de la mesita de noche y me tapé con las mantas hasta la cabeza para entrar en calor.

Robert, solía enviarme todos los días mensajes en los que me decía lo mucho que me echaba de menos y las ganas que tenía de verme. Sobre las doce de la noche, solía llamarme.  Me quedé acurrucada, en posición fetal, observando queda el aparato. Así estuve durante al menos veinte minutos. Los párpados caían pesados  y apunto estaba de quedar profundamente sumida en un dulce sueño, cuando de pronto el móvil comenzó a sonar estrepitosamente. Era él.

 -     ¡Hallo, preciosa!

-      Hola, Robert. – Le saludé, dulcemente, entre bostezos.

-   ¿Qué te pasa? Te noto triste y cansada.

-   Pues debes de ser adivino, porque estoy agotadísima y tristísima porque tú no estás a mi lado.- Le dije cariñosa.

-   Bueno, ambas cosas se pueden arreglar. La primera con un buen masaje y la segunda… Precisamente te llamaba para darte una noticia, pero es “surprise”.

-   El masaje como no me lo dé yo a mi misma… Y ¿Una sorpresa has dicho?- Pregunté, a la vez que di un respingo.

-   Yes, me han concebido cuatro días de permiso para estar contigo ahí, en Madrid. Además he tenido que adelantar mi viaje, por lo tanto este jueves podré estar contigo hasta el lunes, y te daré todos los masajes que me pidas.

-   ¡En Madrid! ¿Este jueves? ¿ya?- Exclamé embriagada por la emoción.- ¿En Madrid?- Volví a preguntarle como ida.

-   Alma, sí, en  Madrid. ¿Te encuentras bien? ¿Estás muy alterada?

-   Sí, es que…- hice un silencio, luego musité.- Es que no sé si será buena idea vernos aquí, en la capital.

-   ¿Por qué? – Preguntó él serio.

-   Pues, porque aquí las cosas están un poco “calentitas” con los paparazzi. Hoy sacaron a mi hermana en un programa del corazón y no me gustaría que me sacaran a mí también.

-   ¿Es que no quieres verme? ¿Te avergüenza que te vean conmigo?

-   Sí, claro que quiero verte, y no, no me avergüenzo, no es eso. Pero…

     Robert me cortó de inmediato sin dejar que terminara la frase.- Entonces, ¿qué problema hay para vernos? ¿Qué te importa lo que digan los demás? …

-   No hay ningún problema, Robert…

-   En quince días me voy a Nasiriyya, ¡me voy a Irak!… Y no si volveré, Alma. Crees que me importan a mí los paparazzi…

-   ¡Tienes razón, Robert!, perdona.- Le dije, luego exclamé alertada.- ¡¿Nasiriyya?!- Casi lo había olvidado. Los ojos se me llenaron de lágrimas instantáneamente.

Él, desde el otro lado del hilo telefónico, permanecía en absoluto silencio. Sé que como ex militar debería de ser una persona acostumbrada a aquel tipo de noticias, pero no podía soportar la idea de que se marchara a un país tan peligroso y tan conflictivo como Irak. Era un país en guerra con guerras internas inmersas dentro de la propia guerra. Era consciente de que era su trabajo, de que sólo serían tres meses y se acabaría todo. No podía hacer frente a las decisiones militares e impedirle que acometiese sus obligaciones. Pero la sola idea, el mero pensamiento de una posible muerte me rasgaba lo más profundo de mi corazón que sentía sufrir poco a poco.

Por supuesto, cambié la forma de ver la proposición de acercarse hasta Madrid el próximo jueves. No era por ser negativa, pero realmente, podría ser la última vez que nos volviésemos a ver…

-   No llores, Alma. – Me decía él.- Piensa que en cuanto pasen tres meses, seré un hombre libre. Entonces, ¿qué dices? ¿Me vendrás a buscar este jueves por la mañana temprano a Barajas?

-   Cuenta con ello, Robert… Estoy deseando volver a verte, besarte y sentirte igual de intensamente que la última vez que nos amamos.

Me despedí de él cariñosamente. Robert, parecía muy contento y entusiasmado con la idea de venir a verme.  Yo también estaba entusiasmada, pero no me agradaba el tener que lidiar con los posibles paparazzi que surgieran de la Nada. Estaban a la orden del día. Nunca entendí la necesidad que tienen algunas personar por saber de los trapos sucios de otras o el afán de fustigación de los trabajadores de a pié para ponerse los dientes largos viendo la facilidad con la que ganan el dinero algunos famosos por el hecho de hacer una simple afirmación en una revista.  En nuestro país pronto se aireaba la vida privada de cualquiera que saltase a la fama, ya fuera un personaje popular, un futbolista, un torero, una actriz, un cantante, un político o una modelo.

De nuevo estaba a punto de quedarme dormida, cuando unos fuertes ruidos y golpes a los muebles provenientes de la sala me despertaron. Me desvelé por completo y me quedé escuchando en silencio. En un primer momento, pensé en posibles ladrones. Me asusté y  me erguí lentamente. Me dirigí a la puerta, giré el pomo con cuidado y la abrí sin hacer escándalo, sigilosa miré a través del resquicio que quedaba entre abierto. Tragaba saliva y me temblaban las manos. El corazón me latía muy fuerte. Parecía que un extraño se acababa de colar en el apartamento y buscaba algo con desesperación. Pensé en la banda de kosovares de la que hablaba las noticias, una banda organizada que se dedicaban a asaltar las viviendas de lujo.

   Agarré un bate de Cricket que estaba apoyado en una de las esquinas de mi habitación, que guardaba como recuerdo de mi último viaje a Londres. Salí sin pensármelo dos veces, dispuesta a abrirle la cabeza  a aquel cerdo, hijo de puta  y husmeador que se había colado sin permiso en el interior del piso...

No hay comentarios:

Publicar un comentario