lunes, 1 de marzo de 2010

Tres Lolitas Capítulo 15. "Una Raya de Farlopa!



A las dos del medio día, quedé para comer con mis hermanas en un conocido mesón de moda entre los personajes famosos. 

Cuando llegué al local, tanto Lili como Cristal, me aguardaban sentadas a la mesa. Era una mesa reservada en una de las esquinas del comedor; un lugar  íntimo y recogido, ideal para conversar sin llamar la atención de los curiosos.

 Cristal le pegaba pequeños sorbos a su copa de vino, a la vez que me miraba desafiante con cierto aire malicioso que me hacía inquietar. Lili, por la contra, irradiaba felicidad y mostraba su rostro más risueño. Y Yo, sentía un nudo en el estómago que me apretaba hasta casi ahogar. Tenía la sensación que algo no muy bueno iba a suceder. Mis malditos presentimientos, por más que ha pasado el tiempo, a día de hoy no he conseguido desterrarlos de mi vida…

- ¡Alma! ¿Qué te pasa? Tienes la mirada perdida, ¿algo que objetar?…- Me espetó, Cristal nada más sentarme en una de las dos sillas que estaban vacías.

- ¿Por qué crees que me pasa algo?, ¿acaso se me nota la cara rara?... - Callé unos segundos y continué desviando la mirada.- Pues puede que tengas razón, tal vez me pase algo…- Le contesté sin ganas.

- ¿Se puede saber qué es lo que os pasa a las dos?- Nos preguntó a ambas. Lili.- Una parece que haya ido a un combate de boxeo y la otra a un velatorio. – Afirmó.

- ¿Por qué dices eso Lili?- Le pregunté. 

- Porque vaya careto de pocos amigos que traéis… ¿Te preocupa algo, Alma? Era para que estuvieses súper contenta y disfrutases de lo que tienes...- Inquirió ella.

-  Y lo estoy, Lili, estoy  contenta pero no por todo esto que nos rodea. Hay otra cosa...

- ¿Qué cosa?- Me interrumpiero, preguntándome las dos al unísono, sobresaltadas  y temiéndose una mala noticia.

 - Pues… Que no sé, si es éste el tipo de vida que quiero llevar… Veréis, es que el fin de semana en Rota, pasaron cosas…

- ¿Qué cosas? ¡Alma, arráncate de una maldita vez!- Se impacientó, Lili.

- Vale... Estuve con Robert…

- ¡Olé!- Exclamó Cristal impulsivamente y elevando su tono de voz chulesco, apuntó sin tapujos.- Le echarías un buen polvo, ¿no?

- Hermana, por favor…- Me apuré y bajando la voz le contesté.- Uno no, fueron cinco el viernes, siete el sábado  y dos más el domingo... Creo que para empezar una relación no está mal, ¿no crees Cristal?

- ¿Te lo tiraste trece veces en sólo un fin de semana?- Preguntó Lili con los ojos desorbitados y la boca abierta de par en par.

- Trece no, se lo tiró catorce veces, ¿es que no sabes sumar, Lili?- la corrigió Cristal con chulería.

- Pero, ¿qué más os da? ¡Mira qué sois cotillas!- Exclamé entre risas.

- Y ¿qué? ¿Cómo la tiene? ¿Es grande y gorda?

- ¡Cristal!- Exclamamos Lili y yo a la vez.

- Vale, vale… Era simple curiosidad… ¿Qué te preocupa entonces, no poder follártelo más veces?

- Joder, Cristal, pero ¿qué te pasa? ¿Estás fumada o qué?- musité.

- Más bien salida…- Apreció, Lili. 

- Me gustaría mantener una relación seria con él, sólo eso  y este tipo de vida, no pega mucho con la suya…- Concluí con las mejillas ligeramente sonrojadas.

- Pero él tiene que entender que es tu  trabajo, de la misma forma que lo entiende mi novio.- me dijo con convencimiento mi hermana, Lili.

-Sí, pero tu novio es actor y el mío marine de los Estados Unidos. Creo que no es lo mismo, Lili. Hugo se alimenta del espectáculo, del arte… Es igual que tú. Además, por lo visto, Robert quiere dejar el ejército e irse…

- Y ¿qué va a hacer si lo deja?- Me preguntó, Lili.

-  Por el momento, volver a su país.

- Entonces ¿cuál es el problema, Alma?- Me cuestionó, Cristal.

- Hermanas, no quiero dejar escapar esta oportunidad de amar y sentirme amada. No estoy muy segura de que éste sea mi lugar...

- ¿Cómo? No serás capaz de dejarnos ahora que nos van tan bien las cosas, ¿verdad?. Nos harías una faena, Alma. No te lo perdonaría en la vida, ¡nunca!- Me contestó Lili tremendamente molesta conmigo.

Recuerdo que cuando les confesé cómo me sentía aquel día, ellas se miraban mutuamente desconcertadas, mosqueadas. Siempre habíamos hecho todo juntas desde niñas hasta que a los dieciocho años, decidimos separarnos y dedicarnos a cosas diferentes. 

Obviamente, ya no éramos niñas y la unión de los primeros años, comenzaba a flaquear. Pero ¿qué podía hacer yo?, eran mis sentimientos los que arrastraban mi comportamiento y cada una tenía los suyos propios que las arrastrabas hacia otros derroteros. 

Quizás había sido demasiado sincera con ellas, demasiado pronto; pero si no les decía que estaba locamente enamorada de Robert y que realmente era lo que me hacía feliz en la vida, explotaría de un momento a otro. 

A pesar de tener el mundo a mis pies, no me sentía plena. El mundo de la música empezaba a cansarme. La fama y el dinero, no me llenaban el corazón como me lo llenaba aquel hombre.


Le pedimos al metre, la especialidad de la casa y la comida transcurrió en silencio, palpándose un ambiente algo tenso.

Antes de que llegase el camarero con el postre, Cristal se levantó de repente de su silla.- ¿A dónde vas?- Le preguntó Lili.

-   Al servicio, ¿qué pasa?…- Contestó ella frunciendo el ceño.

-   ¿Puedo acompañarte?- Le pregunté.

Cristal me miró desconcertada y por un momento me dio la sensación de que  estaba cavilando  lo que me iba a espetar en la cara…- Claro, ¿por qué no?.- me dijo finalmente, para mi sorpresa.

En los servicios del restaurante, mi hermana, me cedió primero el paso al wáter muy insistentemente. Ella se quedó esperando de pié junto al lavabo. Cuando terminé de hacer mis necesidades y salí, me sorprendió lo que vi ante mis ojos. Cristal estaba a punto de esnifar una raya de cocaína.

- ¡Cristal!- le grité enérgicamente- ¿Qué coño haces?

- ¿Quieres una? – Me preguntó entre risas y burlándose de mí.

- Pero… - Aluciné.- Pero ¿estás loca o qué te pasa?

- Venga, Alma, no me eches uno de tus sermones antidrogas de esos que te enseñaron cuando eras soldadito, que ya somos “mayorcitas”.  ¿Qué te pasa a ti?, ¿ahora vas de madre coraje por la vida o qué? Nuestros putos padres, nunca se preocuparon por nosotras, no me jodas tú con tus paranoias mentales de niña pija.

- ¿Mis paranoias mentales, Cristal? Claro, mis paranoias, no me extraña que Carlos te dejase por la brasileña tetuda, joder, ¿te estás viendo?

- ¿A que te pone?…

- ¡Me pone una polla! Que asco me das, hermana. Y tranquila, que no te voy a decir absolutamente nada. Haz con tu cuerpo y con tu mierda de vida lo que te salga del culo. Por mí como si te mueres por culpa de esa…

No me dejó terminar.- ¿Por culpa de esa qué? Te diré una cosa yo a ti, Alma. Lo que deberías hacer es probar un poco de lo que a ti te parece mierda. Te diré que no es mierda, hermana, es oro blanco. Ya verías como percibirías la vida desde otro punto de vista.

- Sí…, ya lo creo que se debe percibir la vida desde otro punto de vista, Cristal. Pero ¡no gracias, hermana! No me hace falta “joderla” tan pronto. Y ¿sabes?... Me pareces una perdedora, igual que lo fue nuestra puta madre.

Salí airada de los lavabos de señoras, dando un portazo con ganas. El estruendo, provocó que algunas personas cercanas se quedasen mirando hacia mí sorprendidas y asustadas. 

Necesitaba irme y ni si quiera reparé en despedirme de Lili que se apresuró a llamarme al ver que cogía mi abrigo y me iba sin decir nada. - ¡Alma! ¿A dónde vas?- Me gritó acalorada.- ¿Qué es lo que ha pasado?

-     Lo siento Lili, no tengo hambre, me voy a tomar un poco el fresco.

-   Pero… ¿por qué?... Escucha, si es referente a lo de antes, podemos hablarlo con tranquilidad, además, ¿a dónde vas a ir tú sola a estas horas de la tarde?, hay poca gente por la calle...

-   Mira, Lili lo siento mucho, de verdad… Pero no me apetece seguir aquí. Estoy cansada y agobiada, necesito pensar en mis cosas. ¡Déjame en paz!, ¿vale?- Le dije con los ojos mojados a punto de esbozar un par de lágrimas.

Dejé a mi hermana con la palabra en la boca. Nunca nos habíamos peleado. Comenzaban las malas relaciones entre nosotras. Éramos tan distintas que había veces que chocábamos como si fuéramos dos trenes recorriendo la misma vía en direcciones contrarias.

      Las drogas eran las principales culpables de mi enfado, no las toleraba. El alcohol, tenía un pase, el tabaco también, incluso no me hubiera importado ver a mi hermana fumando un porro; pero la cocaína, no. Por ahí no pasaba. Tenía la sensación de que 3 LOLITAS comenzaban a meterse dentro de la oscura boca del lobo, en un callejón sin salida, poblado de viciosos y miserables cocodrilos que se alimentan tan sólo de lo que se meten por las venas. Y aquella sensación me estremecía y producía un vértigo abismal.

Caminé sola durante un par de horas por las calles más céntricas de Madrid. Calles poco transitadas al ser medio día. Sin un rumbo marcado, observando la sombra de mi silueta proyectada sobre el suelo.  Apagué mi teléfono móvil y dejé pasar el tiempo andando automáticamente a dónde mis pies me llevaban. Me senté en el banco que rodeaba una de las farolas de la Plaza Mayor, allí estuve un buen rato, observando a la gente en las terrazas, hacerse fotos a los turistas, viendo comer a las palomas, ensimismada y ausente del mundo.  Hasta que por fin me decidí a volver al apartamento al caer la tarde… 

3 comentarios:

  1. Duro e intenso, pero una realidad que hoy en dia cada vez esta más presente...

    besotes de esta peke.

    pd. te espero por mi rincon con tu taza de cafe caliente, siempre que quieras...

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  2. ¡Jo! Ra, pues yo tengo un amigo que se llama Fermín y todos le llaman "Farlopín", ¿por qué será...?

    A ver si nos animamos un poco, chiquilla, que apenas sales de "CASA". ¡Enga!

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  3. Buen relato con la cuota de dramatismo y pasión que todo buen texto debe tener....

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