martes, 16 de febrero de 2010

TRES LOLITAS Capítulo 11 "3 LOLITAS Suenan en la Radio"

Pasó un mes desde que había pisado el arenal de la playa de La Costilla para desahogar mi pena perdiendo mi mirada en el horizonte azul del mar. Un mes desde la última vez que había visto a Robert frente a mis ojos. Un mes desde que le había sentido penetrar con su lengua mi boca tan sedienta de amor. Un mes en el que seguía sumida en la más caótica incertidumbre, sin noticia alguna de él proviniente de Afganistán. Ni una llamada vía satélite ni un mísero telegrama escrito en el que, al menos, indicase que no  se olvidaba de mí. Cansada de derramar ríos de lágrimas afligidas, llegué a un punto en que todo aquello me era indiferente…

Estaba harta de atormentar mi corazón con amores platónicos e imposibles, obstáculos en el camino, órdenes y deberes militares, sufrimientos sin consuelo y sentimientos a la deriva. Sentimientos que no florecían como a mí se me antojaba, incapaces de amarrarse a ningún puerto. El pensar en él, en su repentina marcha, en su airada fuga, me agriaba el carácter  y no tenía ganas de guardarle ausencia a un ausente.

Las cosas en Madrid comenzaban a fluir vertiginosamente para mi sorpresa. El grupo tenía nombre,  mestizos músicos profesionales y canciones que tendríamos que defender dando el mejor Do de pecho. Melodías pegadizas y variadas con un registro pop, muy ochentero. Algunas canciones eran lentas baladas, otras tristes, predominando las más movidas. Las letras estaban compuestas por un conocido cantautor madrileño, ídolo de masas en otra época no muy lejana; pero que había decidido retirarse de la vida pública, agobiado por los focos y un ritmo apabullantemente desenfrenado de la fama.

El proyecto de Lili iba a la velocidad de la luz. Solamente nos quedaba lo más duro, que no lo era tanto, grabar el disco.

Mario Ruiz, nos invitó a las tres a pasar un fin de semana en su chalet despampanante de Torrelodones. El empresario, vivía solo, hacía una década que dirigía una importante firma discográfica. Y cinco años desde que se había divorciado de su esposa, una abogada de mucho prestigio y reputación, pero a la cual  no soportaba por su carácter desquiciado y tormentoso. Tenían una hija en común, Estefanía, un año menor que nosotras. Estefanía, estaba terminando la carrera de Diseño de Moda, pagada por su padre, en la Universidad de Palermo, que a pesar de su nombre, no es que estuviera en Italia sino que era una universidad  privada situada en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. 

  La casa de Mario, más que una casa parecía una mansión. Distaba a unos veintiséis kilómetros, más menos, de Madrid Capital. Las vistas desde allí eran impresionantes. La vivienda se dividía en dos plantas y sumando ambas, llegarían a alcanzar perfectamente los casi dos mil metros cuadrados, a los que había que sumar los seis mil metros cuadrados de terreno, divididos en dos parcelas.

En la planta baja nos recibían dos amplios salones. Uno con chimenea sobre la que presidía, un caro cuadro de una pintura al oleo con el motivo de un paisaje que databa del siglo XVIII. Relucientes suelos de mármol blanco que te devolvían el reflejo, adornados con dos bonitas, grandes y suaves alfombras persas. Los muebles eran de diseño clásico en tonos claros y cristal. Todo estaba cuidado al milímetro. Un inmenso y mullido sofá chaise longue en color crema invitaba a sentarse en él. En las estanterías reposaban infinidad de figuras decorativas y recuerdos de países en los que probablemente había estado y que daba miedo tocar por si se rompían. Todo ello aderezado con mucha clase, un halo místico y bohemio que invadía cada una de las estancias, demasiado románticas para ser la casa de un hombre que vivía solo.

El otro de los salones, hacía la función de comedor o sala de reuniones, en el que imperaba en su centro una larga y fina mesa pulida en madera de caoba, rodeada por ocho sillas de asientos, brazos y respaldo forrado en terciopelo negro.  Sobre la superficie de un llamativo aparador tallado y restaurado, había colocadas tres piezas de plata muy valiosas; una resplandeciente bandeja de asas y dos bellos jarrones a cada lado.  Colgando del techo, justo a la mitad, una enorme lámpara de araña con aplicaciones de eswarovski centelleaba al ser alcanzada por los rayos del sol que penetraban a través de los grandes ventanales vestidos con hermosas cortinas en consonancia con los muebles.

En la primera planta, además, se encontraba su despacho personal, una cocina para perderse dentro, un comedor de diario, una salita de estar con una gran pantalla de plasma incrustada en la revestida pared de madera, un aseo, la lavandería y el dormitorio con baño completo incluido, destinado para el servicio de limpieza.

Al piso superior, se podía acceder tanto por la preciosa escalinata de mármol como por un ascensor. Se dividía en un dormitorio principal, el de Mario que además tenía vestidor, un cuarto de baño completo, del que llamaba poderosamente la atención su divina bañera redonda, y una terraza propia. El resto eran dormitorios, concretamente seis, cinco cuartos de baño completos y un estudio de grabación.
 
Los jardines ricos en flora y fauna, en ellos se podían encontrar plantas de todo tipo y flores de infinitos colores. Todo era espectacular. El estanque con nenúfares, juncos, chorros de agua, peces y ranas, era mi perdición.

La pista de tenis quedaba en uno de los laterales de la casa. En la parte de atrás, estaba la piscina inmensa con su “poolhouse” y todo.  Sin duda, el lugar idóneo para celebrar recepciones de trabajo y fiestas privadas.  

Recuerdo que él nos trató como si fuéramos princesas, cualquiera que lo viera desde fuera pensaría que Mario lo único que quería era acostarse con alguna de las tres. Si no lo había hecho ya con Lili… ¿Y por qué no? Es cierto que un hombre bien trajeado gana mucho, pero la verdad es que, a pesar de sus cincuenta y tres años, Mario, no era un hombre para hacerle ascos. Nos doblaba la edad pero tenía mucho sex-appeal y era muy conocido en la crónica social por su fama de buen amante. Además que chica no se dejaría querer por un Gibson, un Travolta o el mismísimo Conery. Mario se deshacía en elogios, sobre todo hacia mí, cosa que me extrañaba bastante, dado a las palabras que le había dedicado el día de nuestro primer encuentro en Rota.

En el estudio de grabación  casero del chalet, estuvimos ensayando, un par de temas de nuestro futuro disco,  mis dos hermanas y yo disfrutamos como niñas pequeñas. Fue un fin de semana muy intenso y divertido. Mario nos dejaba campar a nuestras anchas por la casa y así sí que daba gusto.

Al mes siguiente no me quedó más remedio que pedir una excedencia voluntaria por un año. Fue una decisión muy difícil de tomar, puesto que renunciaba durante doce meses a mi cotización mensual, arriesgándome a hacer algo de lo que no sabría si saldría bien parada. En el ejército no me pusieron objeción al respecto.

Mario, me prometió que nos ayudaría económicamente. Nos ofreció su hogar. Así que nos instalamos en su chalé, Cristal, yo y mi perra Luka. Fue algo temporal, hasta hacernos con dinero y poder alquilar un apartamento entre las dos.  Lili vivía con su novio el guitarrista en una buhardilla alquilada en el barrio de Salamanca.

Culminamos nuestro trabajo en un estudio de grabación de la firma discográfica en Londres. Mario nos pagó absolutamente todos los gastos,  billete de avión, alojamiento, inclusive nos hacía regalos de todo tipo. Fue mucho el dinero que se gastó con nosotras, aunque él me repetía una y otra vez que no le dolía las libras. Todavía hoy en día me pregunto “¿Qué nos habría visto a las tres, para decidirse a montar toda aquella parafernalia? Lo cierto es que yo estaba alucinada con el giro tan grande que había dado mi vida, el cambio que había dado nuestra vida. De no tener nada, a empezar a tenerlo todo. Aquel ajetreo de aquí para allá y los detalles de Mario, hicieron que Robert no regresase más  a mis pensamientos por una larga temporada...

Tardamos casi dos meses en grabar los diez “tracks” del disco y tres videoclips en Londres.  Ya casi no me acordaba de lo bien que cantábamos cuando nos juntábamos de adolescentes, guitarra en mano y uníamos nuestras voces al sonido de los acordes para cantar . Y en el fondo, se lo debíamos a las monjas del Convento de Santo Domingo. Ellas, “las monjitas” como solía decir Lili de pequeña,  fueron las que nos inculcaron el amor por el arte, sobre todo el amor por la música. Hacía cinco años que no las veíamos, teníamos ganas de volver a visitarlas, pero los quehaceres nos lo impedían por el momento, aunque el contacto telefónico no lo habíamos perdido puesto que yo me comunicaba semanalmente con Sor Isabel que todavía no se creía lo nuestro.

La verdad es que al principio, no nos hacíamos a la idea de tener un disco a puertas de salir a la venta. A puertas de formar parte de todo un “merchandiser” musical nacional.

Las sesiones de de fotos se convirtieron en algo cotidiano para nosotras,  habíamos perdido hasta la vergüenza de mostrar nuestros encantos íntimos ante Angelo, el fotógrafo italiano y Mario (siempre presente en todos los pases y del que percibía cierta excitación al mirarme).

Necesitábamos una buena portada para la carátula de nuestro primer álbum. Mario quería algo sencillo pero que impactara a la vista. En el interior del librillo incluyó alguna de nuestras fotografías más picantes y las letras de las canciones. Por fuera escrito con unas bonitas letras de tinta roja sobre un fondo completamente negro se leía exclusivamente 3 LOLITAS.

El jefe de márquetin pensó que sería una idea estupenda que destinásemos una pequeña parte de las ventas a un proyecto solidario. Aquello nos daría una imagen de entrega a un fin social que le gustaría al público. Elegimos la lucha contra el sida.

Las trillizas nos sentíamos como en una nube, viviendo un cuento de hadas. Pero no nos lo empezamos a creer hasta que cada una, escuchó por su cuenta, a través de una conocida emisora de radio, nuestro primer single cantado en inglés “Three Hearts” (tres corazones, una canción un tanto melancólica y lenta, pero muy melodiosa, que contaba lo más terrible de nuestra historia, cuando nuestra madre se despojó de nosotras como si fuéramos cualquier cosa)

Recuerdo que aquella noche, Mario me había invitado a cenar a un restaurante turco. Habíamos ido en plan amistoso. Teníamos infinidad de cosas en común, un carácter muy parecido y congeniábamos. Serían más de las doce de la noche.  Él conducía su Posche por la gran Vía y a mí se me ocurrió cambiar la frecuencia de la radio, intentando sintonizar una animada melodía. Fue cuando de repente, escuché la voz masculina de un locutor: “Y ahora os dejamos con el primer trabajo de tres hermanas que aunque cantan en inglés; son españolas. Esto que estás escuchando ha entrado pisando fuerte esta semana en nuestra lista de los cuarenta, la canción “Three Hearts”, ellas… 3 LOLITAS, sonando para ti en el 98.0 de tu emisora F.M

Me quedé muda, la boca se me secó. Mario apartó unos segundos la vista de la carretera para mirarme. Una sonrisa se comenzó a dibujar en mi cara. El corazón me latía a cien por hora, la piel del cuerpo se me erizó, sentía vergüenza y a la vez unas ganas tremendas de chillar de alegría. No me lo podía creer, realmente lo habíamos logrado, nos habíamos colado en las listas de ventas.

-   Sé cuando veo producto si es bueno o malo. Tenéis ángel, Alma… Las tres lo tenéis.- Me espetó derrochando alegría y mucho convencimiento.

Me mordía el labio inferior con nerviosismo, es una manía que tengo desde niña. Miraba a Mario como conducía. Me sentí seducida. Mi vestido corto dejaba al descubierto mis torneados muslos. Él quitó una mano del volante para cambiar de marcha y después disimuladamente, la posó sobre mi pierna. En otro momento le hubiera propinado un bofetón, pero estaba muy excitada. Mi pequeño demonio me decía que le pidiera que parara el coche, para hacerle el amor allí mismo, pero el ángel (ese que decía Mario que teníamos las tres) quiso que controlara mis deseos,  mi instinto más salvaje y primitivo.


Se me había pasado la idea de acostarme con mi jefe en más de una ocasión por la cabeza, era un hombre muy atractivo... Pero siempre que esa idea rondaba mi mente, terminada retrocediendo un paso, porque mi corazón no le correspondía. Sería hacerle y hacerme daño. Mi corazón, todavía le pertenecía a alguien...

2 comentarios:

  1. una entrada muy bien explicada y argumentada.

    AC/DC tnt...ke buena ;)

    salu2 Kela

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  2. Muchas gracias, Duke!!
    Bueno es que los AC/DC son mis favoritos jeje
    Saludos!

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